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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 172

—Señor Lucero, adiós.

Galileo llevaba la mochila de Aldana y, cuando se disponía a seguirlas, Rogelio habló de repente: —¿Tu familia tiene una granja?

—¿Eh?

Galileo se quedó perplejo por un momento, luego asintió honestamente.

—Gracias por haberme avisado sobre este asunto. —Rogelio bajó la mirada hacia Galileo, con una leve sonrisa en los labios—. Aldi es muy ingenua, no dejes que ningún mocoso con malas intenciones se le acerque.

—Entendido, señor Lucero. —Galileo respondió con una sonrisa—. No se preocupe, en nuestra escuela hay puros feos y malencarados, Aldana no se fijaría en ninguno.

—Eso está bien.

Rogelio asintió con satisfacción y le hizo un gesto con la barbilla. —Vuelve.

Después de que los tres se fueran.

Rogelio se sentó en el coche, se aflojó la corbata y ordenó con voz ronca: —Investiga la empresa del padre de Galileo e invierte algo de dinero en ella.

—Sí, jefe.

Al recibir la orden, Iván se fue a encargar del asunto de inmediato.

Veinte minutos después.

Galileo, que aún no había llegado al salón de clases, recibió una llamada de su padre.

—Hijo, déjame contarte.

—De la nada, una persona misteriosa invirtió varios millones en nuestra granja de cerdos.

Galileo: —¿Eh?

Instituto Altamira.

Después del revuelo de la mañana, la forma en que los compañeros miraban a Aldana había cambiado por completo.

¡Calificación perfecta! ¡En su vida habían visto a alguien sacar una calificación perfecta!

—Aldana, por favor, ¿podrías compartir algunos de tus trucos de estudio?

Un compañero se acercó a su escritorio con una mirada sincera.

—¿Trucos?

Aldana jugaba con su termo y, al oír la pregunta, frunció ligeramente el ceño. —Pues... solo estudio y ya.

—¿Eh?

Los demás compañeros no entendían.

—Pues, estudio… —Aldana no sabía cómo explicarlo, así que simplemente dijo la verdad—. Solo escucho al profesor explicar los ejemplos, luego leo el libro... hago esto y aquello, y así... lo aprendo.

—¡¿Ah?!

Los compañeros abrieron los ojos como platos, cuestionando su propia existencia: —¿Estudias hasta tarde por la noche?

Para Aldana, esta materia era aún más fácil que las demás.

Solo tenía que rellenar círculos, había que escribir poco.

Así que, para el examen de inglés, solo tardó treinta minutos en terminarlo todo.

Después de completar el examen, la chica se recostó sobre el escritorio y se quedó mirando su termo, absorta.

Su mente estaba completamente ocupada con el hecho de que Rogelio no vendría a recogerla.

Pues si no venía, que no viniera. De haberlo sabido, no le habría hecho el descuento.

Aldana no se sentía bien. Guardó el termo en su mochila y se echó a dormir sobre el escritorio, deprimida.

En ese momento, los profesores de las otras materias estaban de pie junto a la ventana, espiando a Aldana.

Todos estaban increíblemente ansiosos. Especialmente el profesor de inglés, que estaba ansioso por ver cómo era un examen de inglés con calificación perfecta.

—¿He oído que alguien está durmiendo durante el examen?

Mientras discutían, Pedro se acercó y miró fríamente dentro del salón.

Al ver a la persona recostada sobre el escritorio, la comisura de sus labios se crispó.

¿Aldana Carrillo?

Ah. ¡Entonces no había problema!

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