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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 181

En el centro comercial.

Inés salió del probador. Parpadeando con sus ojos de venado, brillantes como estrellas, preguntó en voz baja:

—Alda, ¿qué te parece?

Aldana apartó la vista de su celular, la examinó de arriba abajo y frunció el ceño.

—Prueba otros.

Inés era de una belleza limpia, fresca y pulcra. Esa prenda no le hacía justicia a su estilo.

—De acuerdo.

Inés asintió obedientemente y se metió de nuevo en el probador.

—Con calma, no hay prisa.

Aldana retiró la mirada y siguió recostada en el sofá, jugando con su celular.

A continuación, Inés se probó varios conjuntos más, pero a Aldana todos le parecieron mediocres.

Al mismo tiempo, también notó los problemas en los diseños de su pequeña aprendiz.

Las prendas eran deslumbrantes a primera vista, pero una vez puestas, les faltaba algo. El concepto de diseño era bueno, pero el exceso de elementos le restaba belleza.

Parecía que iba a ser necesario darle unas cuantas lecciones más.

—Señorita, ¿se ha probado tanto y nada le gusta? —dijo la vendedora, poniendo los ojos en blanco y mirándolas con un desdén evidente.

Había una regla en la tienda: mientras estuviera atendiendo a unos clientes, no podía recibir a otros hasta que los primeros se fueran.

Si esos tres pueblerinos no hubieran entrado, ahora estaría atendiendo a Lucrecia, una clienta que sí gastaba sin pensárselo dos veces.

De hecho, ella se estaba probando esa gabardina de alta costura de un millón, una pieza que nadie se atrevía a tocar a la ligera.

Si lograba esa venta, la comisión sería altísima. Al pensar en eso, la expresión de la vendedora se agrió aún más. Deseaba poder echarlos a los tres a escobazos.

—La verdad es que no. —Aldana no levantó la vista. Sus dedos se movían con rapidez sobre la pantalla mientras jugaba y su tono era indiferente—. Los diseños de Jenny de esta temporada no son la gran cosa.

Tras enterarse a grandes rasgos de la situación y observar la forma de vestir de Aldana, concluyó que, efectivamente, no parecía alguien que pudiera permitirse la ropa de su marca.

En cambio, la señorita Mendes... era una clienta importante que gastaba, como mínimo, un millón al año en la tienda. Y había escuchado que esta vez le había echado el ojo a la prenda de alta costura.

En comparación, el estado de ánimo de ella era, sin duda, más importante.

—Lo lamento, pero nuestro tiempo de atención es limitado. —Tras sopesar la situación, el gerente se acercó a Aldana y dijo con una sonrisa forzada—: Las tres llevan mucho tiempo aquí y están afectando nuestras operaciones.

—Si por ahora no han encontrado nada que les guste, tendré que pedirles que se retiren.

—¿Mucho tiempo? —Aldana apagó el juego, levantó la barbilla y replicó con calma—: Si no me equivoco, ella entró al mismo tiempo que nosotras.

—Además, solo nos hemos probado tres conjuntos.

Y eran tres conjuntos feos que la vendedora había escogido a propósito. ¡Sería un milagro que le hubieran gustado!

—La señorita Mendes tiene el poder adquisitivo para asegurar que el trabajo de la vendedora no sea en vano. Ustedes tres, en cambio...

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