Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1869

—¿Para qué quiere ver a Darío? —resopló Don Belisario con desdén, sin guardarse ninguna crítica—. Desde que era un niño, jamás lo trató como a un verdadero hijo. No creo que a estas alturas quiera venir con escenitas sentimentales de padre amoroso.

—Este... —El mayordomo dudó un segundo y luego confesó con cautela—: Se rumorea que tiene que ver con el primogénito. Escuché que el joven amo Camilo va a volver a Bravaria.

—¿Camilo? —La mirada del anciano se volvió gélida y su rostro se ensombreció—. ¿Ese infeliz tiene el descaro de regresar?

—Se dice que el antiguo Mandatario le autorizó volver durante una semana.

El mayordomo lucía bastante incómodo y algo preocupado al añadir:

—En el pasado, la pelea entre los dos hermanos por el cargo de Mandatario fue verdaderamente sangrienta. Tantos años sin verse... me pregunto si el odio que se tienen habrá disminuido un poco.

Que Don Octavio hubiera mandado a llamar a Darío probablemente era para tantear el terreno antes de la llegada de Camilo. O tal vez, para advertirle que no hiciera ninguna locura.

—Hmph. —Con solo escuchar los nombres de su hijo y su nieto mayor, a Don Belisario se le revolvía el estómago. Ordenó molesto—: Ve y mantente al tanto. Si ese hijo desalmado mío se atreve a intimidar a Darío, regresa y avísame de inmediato.

Un hijo no podía golpear a su padre, pero un padre sí podía golpear a su hijo.

Y casualmente, hoy no tenía nada mejor que hacer. Repartir unos cuantos bastonazos le serviría para estirar las articulaciones.

—Entendido. —El mayordomo no pudo evitar una sonrisa cómplice; la verdad, estaba ansioso por ver el espectáculo.

***

En la habitación.

Darío desempacó sus cosas y revisó de reojo su chat fijado en los mensajes.

Seguía vacío.

Dejó escapar una risita de resignación y, sin aguantar más, llamó al número de Lourdes.

Un segundo... dos segundos... tres segundos...

La espera pareció eterna. Finalmente contestaron, y Darío soltó emocionado:

—Señorita...

El ruido de fondo era fuerte; sonaba como un antro o un club nocturno.

Antes de que pudiera asimilarlo, escuchó la voz de un hombre desconocido que decía muy animado:

—Señorita Yáñez, ¿qué le parecieron nuestros movimientos? Además del Baile de la Zancada, sabemos hacer muchos otros. ¿Le gustaría verlos?

Las palabras de Darío se cortaron de golpe. La ternura de sus ojos se evaporó, siendo reemplazada por un brillo gélido y aterrador.

—Bailaron muy bien. Denles una buena propina —se escuchó la voz cristalina y coqueta de Lourdes antes de responder al teléfono con evidente frialdad—: Habla rápido si tienes algo que decir; si no, cuelgo.

Capítulo 1869 1

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector