—Ya llegaste.
Al ver a Darío, la sonrisa amable de Don Octavio desapareció y su tono se volvió frío y autoritario.
Camilo, por su parte, seguía sentado en el sillón con las piernas cruzadas. Ya no le tenía ni una pizca de miedo a Darío.
Teniendo su punto débil en las manos, ¿a qué le iba a temer?
Que intentara esconder a Lourdes Yáñez si se atrevía.
Aunque... un momento.
Por cómo estaban las cosas, lo más probable era que Lourdes no tuviera la menor idea de que el chico mantenido que tenía de mascota era, en realidad, el Mandatario de Bravaria, ¿verdad?
Se decía que era una mujer de carácter fuerte, y que lo que más detestaba en el mundo era que le mintieran.
Si llegaba a descubrir la verdadera identidad de Darío, ¿cómo reaccionaría?
—¿Dónde está mi abuelo?
Darío se quitó el abrigo y se lo lanzó a uno de los sirvientes, sin dignarse siquiera a mirar al par de hipócritas.
—Don Belisario fue a visitar a un viejo amigo, señor. Hoy no está en casa —respondió el empleado con respeto.
Los dedos de Darío se detuvieron un segundo. De inmediato le arrebató el abrigo al empleado y dijo con voz gélida: —Díganle a mi abuelo que regresaré a visitarlo otro día.
—Espera.
Al ver que daba media vuelta para largarse, Camilo se puso de pie y lo miró con malicia. —¿Acaso olvidaste que mañana es el aniversario luctuoso de nuestra madre?
—¿Y qué si lo es?
Darío se detuvo en seco. Esbozó una sonrisa irónica y dijo sin una pizca de interés: —¿De verdad esperas que vaya a llorarle y ponerle flores a la tumba?
—¡Darío Alzamora!
Al escuchar cómo hablaba de su madre, la rabia y el resentimiento se apoderaron de Camilo. Se acercó a él, fulminándolo con la mirada: —No olvides por culpa de quién murió.
—¿No fue por ti?
Darío metió las manos en los bolsillos, irradiando un aura de absoluto desprecio. Sus palabras salieron frías como cuchillos: —La atropellaron mientras iba a comprarte un maldito pastel de cumpleaños.
Camilo se quedó blanco como un papel, pero de inmediato le dio la vuelta a la acusación: —¡Si tú no hubieras nacido, mi madre jamás habría peleado tanto con mi padre! ¡Todo es culpa tuya, maldito parásito!

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