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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1967

Había acantilados a ambos lados, a esa velocidad, chocar contra ellos sería un suicidio.

El conductor no creía que...

Sus pensamientos aún no terminaban cuando un estruendo ensordecedor resonó a su lado.

¡Crash!

Al segundo siguiente, vieron cómo el auto de Rogelio embestía sin dudar.

El vehículo que bloqueaba su camino acababa de arrancar, pero antes de poder moverse, recibió el impacto en las puertas y fue arrastrado directamente hacia el borde de la carretera.

Por la velocidad y el ángulo, un pequeño descuido lo haría caer por el precipicio.

Aterrorizados, los hombres en el otro auto giraron el volante desesperadamente para evitar la caída y regresar a un lugar seguro.

Al moverse, dejaron un hueco, un camino sumamente estrecho.

—¡Agárrate fuerte, Aldi!

Rogelio giró el volante, y el auto pasó a toda velocidad, casi rozando a los dos vehículos que los emboscaban.

—¿Esa técnica es real? —preguntó un guardaespaldas tartamudeando al ver el auto desaparecer como una ráfaga de viento.

¡¿Cómo habían logrado pasar por un espacio tan pequeño?!

—¡Qué diablos estás mirando! ¡Persíguelos! —El líder del grupo lanzó un puñetazo al aire y ordenó fríamente—. Si no los atrapamos, seremos hombre muerto.

—¡Sí!

Los guardaespaldas aceleraron a fondo y comenzaron la persecución.

Cinco autos empezaron a correr, adelantarse y chocar en la estrecha carretera.

El sonido de los neumáticos derrapando contra el asfalto era ensordecedor, y saltaban chispas por todas partes.

—¡Ahhh!

El hombre en el asiento del copiloto estaba aterrorizado, aferrado al cinturón de seguridad, gritando y chillando sin parar.

—Qué ruido tan molesto.

Aldana seguía sentada plácidamente en el asiento trasero, había arrojado el arma a un lado y tenía una paleta en la boca; su expresión era tranquila como el agua.

Aprovechando que pasaban por un área llena de maleza, Rogelio abrió la puerta y echó al hombre a patadas.

—¡Ah!

El hombre cayó al pasto, rodó varias veces y terminó desmayándose del terror.

—Ya no hay ruido —dijo Rogelio, girando para mirar a su esposa con una expresión de puro amor.

—Mhm.

Aldana asintió y dijo con tono perezoso:

—También quiero jugar.

—Este tramo del camino es un poco peligroso... —Rogelio la miró con dulzura.

—No olvides la vez que me perseguiste para matarme y casi haces que mi auto cayera al mar.

—Ejem, ejem...

Capítulo 1967 1

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