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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1966

El auto salió del centro de la ciudad y se dirigió a una carretera poco transitada.

«En veinte minutos más, llegaremos a la zona portuaria.»

A través del espejo retrovisor, el hombre al volante observó a la pareja, con una densa aura asesina en sus ojos.

—¿En serio? —Rogelio se ajustó los puños de la camisa, empujando su anillo de bodas un poco hacia atrás, y una leve sonrisa se formó en sus delgados labios—. Detente más adelante, necesito buscar algo.

Este auto era de ellos, pero la gente del Amanecer se lo había retenido.

—¿Buscar qué? —el conductor estaba sumamente alerta—. Yo te ayudo a buscarlo.

—No sabes dónde está —respondió Rogelio con paciencia—, además, ustedes son un montón, ¿acaso crees que podríamos escapar?

El conductor dudó, pero no accedió.

—Amor, ¿debería mandar el video de una vez? —preguntó Aldana con tono lánguido.

—¡Un momento! —El conductor frunció el ceño, redujo la velocidad y sacó su teléfono, al parecer buscando instrucciones. Tras escuchar a la otra persona, frunció el ceño con fuerza y susurró—: Si no accedemos, amenazan con subir el video.

Esa frase se había convertido prácticamente en su talismán de protección.

Sin saber qué le ordenaron del otro lado, el conductor detuvo el auto a un lado de la carretera.

Los autos que los escoltaban también se detuvieron.

Varios guardaespaldas altos y robustos bajaron y rodearon el auto de la pareja.

Tenían los bolsillos abultados, claramente portaban armas blancas y de fuego.

Rogelio abrió la puerta, rodeó el auto hasta el asiento del conductor y le dijo al hombre:

—Si temes que haga algo, siéntate en el asiento del copiloto y vigílame.

El conductor se movió obedientemente al asiento del copiloto, con los ojos clavados en Rogelio.

—Tsk.

Rogelio soltó una risita, se inclinó para abrir la guantera del auto y rebuscó sin prisa:

—Amor, ¿dónde pusiste tu liga para el cabello?

—No sé, búscala con calma —respondió Aldana con los brazos cruzados, los ojos cerrados y tono despreocupado.

Afuera, los guardaespaldas fruncieron el ceño.

¿Qué diablos?

¿Una liga para el cabello?

¡¿Se habían detenido en plena carretera solo para buscar una liga?!

A Rogelio no le importaba en absoluto, seguía revolviendo la guantera con extrema lentitud.

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