Bip, bip...
El celular vibró de repente. Lourdes lo revisó y vio que era un mensaje de Don Eu.
Le había enviado otra foto de Darío.
Casi cada semana, Don Eu le informaba sobre cómo estaba el joven amo.
Le contó que se había ido a otro país y que había salido a navegar.
Don Eu le escribió: "Regresa a Bravaria en una semana".
¿Iba a regresar?
Al leer esa frase, el corazón de Lourdes se aceleró de forma inexplicable.
No sabía si Darío la iría a buscar.
Él tenía muy buen ojo, ¿se daría cuenta de sus cambios físicos?
Y si se daba cuenta, ¿cómo se lo explicaría?
Darío...
Lourdes sentía un remolino de emociones. Por un lado, le asustaba la idea de que volviera, pero por el otro...
Le parecía que lo extrañaba un poco.
Llevaban casi cien días separados.
—Señorita Yáñez, ya va a comenzar el anuncio oficial —le avisó el gerente en voz baja. Lourdes salió de su ensimismamiento.
Guardó el celular y centró toda su atención en el estrado.
El presentador se había retirado, cediendo su lugar al funcionario encargado de la adjudicación.
—Fueron muchas las empresas que postularon para el Predio del Sector 5. Tras una cuidadosa evaluación, hemos tomado una decisión.
Al escuchar esto, Hernán Mendoza se ajustó la corbata y se preparó para ponerse de pie, dirigiendo una mirada socarrona a Lourdes.
Ella estaba sentada, con las manos entrelazadas y el rostro pálido.
Se veía muy tensa.
Cuando él subiera a recoger el contrato de adjudicación, se aseguraría de pasar por delante de ella.
—La empresa ganadora de esta licitación es... —retumbó la voz fuerte y clara del funcionario.
Hernán se levantó; su repentina acción captó la atención de todos en la sala.
Incluso la del funcionario, que estaba a punto de leer el nombre.
—¿Señor Mendoza? ¿Necesita algo? —preguntó desconcertado.
—No es nada.
Hernán hizo un ademán con la mano y sonrió con confianza.

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