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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 199

Director de diseño estaba mudo, y Aldana guardó el silencio.

Ambos se miraron sin decir una palabra.

No había duda. Era difícil encontrar otro rostro tan deslumbrante como el de su jefa en todo el planeta.

Pero… ¿No se había peleado la jefa con Rogelio por el asunto del brazalete de jade?

¡En ese momento estaba tan furiosa que parecía que quería matarlo!

¿Cómo es que ahora aparecían juntos de repente?

Y si no se equivocaba… La mochila que Rogelio llevaba en la mano izquierda era de ella. El termo que sostenía en la derecha también era de ella. Ese termo, la jefa lo atesoraba como si fuera oro, ¿no era que nadie podía tocarlo?

La jefa estaba muy cerca de Rogelio, e incluso llevaba su saco sobre los hombros… Su relación era claramente muy íntima.

El director de diseño se rascó la cabeza, confundido, sintiendo que su cerebro iba a explotar.

—Je…

Tras unos segundos de silencio, el director estiró el cuello, a punto de hablar.

—¿Es el estudio de Atenea, verdad? —interrumpió Aldana, con una expresión un tanto forzada—. Vinimos a recoger algo.

El director de diseño se quedó perplejo por unos segundos antes de reaccionar lentamente.

Acaso… ¿Rogelio todavía no sabía que la chica a su lado era la dueña del estudio Atenea?

Con razón la jefa no quería revelar su identidad. Después de todo, la última vez le había hecho pasar un mal rato y le había sacado varias decenas de millones.

—Sí, sí, este es el estudio Atenea, bienvenidos.

El director ajustó rápidamente su expresión y se dirigió al imponente hombre a su lado, diciendo respetuosamente: —¿Es usted el señor Lucero?

—Sí.

Rogelio asintió levemente, con una ligera sonrisa en los labios. No delató la farsa de ambos.

—Las cosas están listas, por aquí, por favor.

El director hizo un gesto de invitación y, mientras guiaba a los invitados a la sala VIP, los observaba discretamente caminar juntos.

Antes solo sospechaba que la jefa podría tener novio…

Ahora, estaba confirmado.

Pero era normal. Con un rostro como el del señor Lucero, probablemente ninguna chica podría resistirse. ¡Y mucho menos su jefa, que se fijaba tanto en las apariencias!

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