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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1196

Aldana levantó la mirada hacia afuera y, efectivamente, vio las llamas iluminando el cielo y el constante sonido de explosiones.

—¿Qué está pasando?

La gente del laboratorio se puso tensa de inmediato y todo fue un caos.

—Las cosas del almacén son la vida entera del Líder.

Si se llegan a quemar, a saber cómo se va a poner de loco.

—¿Qué cosas? —preguntó Aldana con curiosidad.

—¿Lo del almacén? —Varios guardias cruzaron miradas y uno de ellos le contestó—: Flores. Todo está lleno de flores que el Líder cultivó con sus propias manos.

¿Flores?

A Rogelio sí que se le daba bien escoger qué lugares volar por los aires.

Esto seguro iba a hacer que al viejo decrépito le diera un ataque de bilis, jeje.

—Avísenle a Serafín que ya están listos los resultados de la modificación genética.

—Enseguida.

En menos de cinco minutos.

La puerta del laboratorio se abrió de golpe y Serafín entró a zancadas, desprendiendo un aura gélida.

Vaya.

Su cara era todo un poema.

—¿Ya están los resultados? —Serafín miró a Aldana con frialdad. Bajo su evidente ira, también había una chispa de emoción.

—Sí, estoy terminando los últimos detalles.

Aldana no se movió de la computadora y preguntó a propósito: —Escuché que el almacén se incendió.

—Eso no te incumbe.

Serafín tenía las manos en la espalda y una mirada tan asesina que congelaba: —Concéntrate en tu trabajo.

No sabían de dónde había salido el fuego, pero era inmenso. Y como el almacén estaba repleto de flores secas en perfecto estado de conservación,

funcionaban como leña. El incendio no iba a apagarse a corto plazo.

—¿Dicen por ahí que todas tus florecitas se quemaron? —Aldana sonrió con malicia y volvió a hablar—: Esas eran las que tenías guardadas para regalárselas a mi mamá, ¿no?

Serafín apretó los puños con fuerza y trabó la mandíbula para contener su rabia.

—¿Te puedo hacer una pregunta? —Aldana parpadeó con su típica sonrisa burlona—: Se te quemaron todas las flores, ¿qué se siente?

—¿Tú qué crees?

La mirada de Serafín era letal. Apretó los dientes y le preguntó palabra por palabra: —¿Cómo crees que me siento?

—Ja.

Aldana soltó una carcajada irónica y lo criticó sin piedad: —Serafín, ya veo que no solo no eres un hombre, es que ni siquiera llegas a la categoría de humano.

—Déjate de estupideces y ocúpate de él.

Serafín dio un golpe en la mesa y rugió con furia contenida: —La medicina para tu padre, ¿ya no la quieres o qué?

—Puedo entregarte la investigación completa. —La mirada de Aldana se endureció y habló con total seriedad—: Pero trae la medicina de mi padre para que yo la examine primero.

—¡Enséñasela!

A la orden de Serafín, sus hombres le entregaron El Antídoto inmediatamente.

—Esta es la dosis para medio año. En cuanto a la fórmula... —Serafín se quedó de pie, curvando los labios con frialdad—: Te la daré en el momento en que reciba los datos completos de tu parte.

Aldana tomó la medicina, se la acercó a la nariz y con solo olerla ya podía adivinar los ingredientes.

Pero en cuanto a la fórmula...

Estaba segurísima de que este perro miserable jamás se la entregaría.

—Empieza, Fantasma.

Serafín se sentó erguido en la silla y fijó su vista en la enorme pantalla frente a él.

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