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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1197

Esa pantalla mostraría el proceso y los cambios de la "modificación genética" en tiempo real.

Si tenía éxito, significaba que la investigación por la que había esperado toda su vida al fin rendiría frutos.

Aldana apartó la vista y sus dedos comenzaron a moverse sobre el teclado.

Unos segundos después.

De repente miró a Serafín y curvó los labios: —¿Creo que te dije que hoy te tenía una sorpresa?

—¿Qué dices?

Serafín frunció el ceño, pero justo cuando la confusión lo invadió, la puerta fue embestida por una fuerza tremenda y se abrió de golpe.

Inmediatamente después.

Un espeso humo inundó la habitación, mezclado con disparos ensordecedores.

—¡Que todos protejan a Fantasma!

Serafín se puso en pie al instante, sacó su pistola y corrió hacia Aldana, bramando fuera de control.

—¡Sí, señor!

Los hombres de Serafín respondieron, pero enseguida se vieron superados.

Sacaron sus armas, mirando a todos lados, completamente desorientados.

Bajo esa densa cortina de humo, apenas podían distinguir dónde estaban.

Mucho menos encontrar a Fantasma.

Por el contrario, los que irrumpieron...

Todos llevaban gafas especiales que les permitían moverse entre el humo como si nada.

—¡Maldito viejo, hoy vengo por tu vida!

Gilda entró corriendo desde afuera, dirigiéndose directo hacia donde estaba Serafín.

—¡Gilda! —

Sombra se asustó tanto que, por inercia, miró hacia la puerta, donde Rogelio se estaba encargando de los demás.

Se dio una palmada en la frente.

¿Qué no se suponía que iba a seguir las órdenes?

Ya sabía ella que Dios los cría y ellos se juntan.

Con el antecedente de Aldi, era obvio que Gilda no iba a ser precisamente un angelito obediente.

Serafín levantó su pistola, apuntó a Gilda y apretó el gatillo sin dudar.

Gilda lo esquivó con agilidad.

La bala impactó en la pared, dejando un profundo agujero.

—Maldición.

Serafín masculló un insulto, buscó a tientas la puerta de hierro del laboratorio y, cuando intentó abrirla...

Se dio cuenta de que la puerta ya estaba abierta de par en par.

Adentro estaba vacío; la silueta de Aldana ya no estaba por ningún lado.

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