¿Rogelio Lucero venía a rescatar a Fantasma?
¿Qué diablos estaba pasando?
¡¿No se suponía que eran enemigos a muerte?!
—Permíteme presentarme. —Ante el asombro de Serafín, Rogelio movió los labios y habló con lentitud—: Rogelio Lucero, líder de la Alianza del Cracker y futuro prometido de la señorita Fantasma.
—¡¿Qué?!
Serafín se quedó helado en su lugar, mirándolos con los ojos desorbitados.
¡¿El líder de la Alianza del Cracker era el prometido de la Fantasma del Submundo?!
¡¿No eran archienemigos que vivían queriendo matarse?!
¡¿Acaso de tanto intentar matarse les surgió el amor?!
—Así que después de todo este tiempo, ¿se han estado burlando de mí? —Serafín por fin entendió y dejó escapar una carcajada fría—: ¿Aquel accidente de auto al principio también fue un plan? Me hiciste creer que de verdad querías hacer una tregua, pero tu verdadera intención era rescatar a Sania y a Cornelio.
—¿Y qué si es así?
Aldana, parada junto a Rogelio, sonrió y respondió: —Te seré sincera, Serafín, de verdad logré descifrar el método para la modificación genética.
—¿Dónde está?
Rodeado de sus hombres, el rostro de Serafín se contrajo en una mueca de desesperación y urgencia: —Si me entregas eso, dejaré que se vayan.
—Va.
Aldana sacó el pendrive y lo sostuvo en la palma de la mano: —Aquí están todos los datos detallados de lo que investigué todo este tiempo. Cualquiera que tenga este USB podrá dominar la modificación genética a la perfección.
—¡Dámelo!
Serafín dio un paso al frente y exigió con voz ronca y fría: —¡Fantasma, dámelo!
Había esperado décadas solo por ese momento.
—Lástima, pero si esto cae en tus manos... —Aldana entrecerró los ojos y dijo con calma—: Me convertiría en una pecadora para el mundo.
—Jamás pasó por mi cabeza entregarte nada.
En cuanto terminó de hablar, Aldana arrojó el pendrive directo a las llamas devoradoras.
—¡Bang!—
—¿Te lastimaste el pie?
Aprovechando el movimiento, Rogelio tomó a Aldana por la cintura, con una sonrisa dulce en los labios.
—Un poco, nomás.
Aldana se apoyó en la fuerza de Rogelio, echó su cuerpo hacia atrás y eliminó con éxito a varios de los tipos que intentaban atacarlos por la espalda.
Al ver que la situación empeoraba por segundos, Serafín casi pierde por completo la cabeza: —¡Mátenlos! ¡Mátenlos a todos!
Justo en ese momento.
Dos hombres salieron volando por los aires, medio muertos. Acto seguido, la voz de Gilda resonó:
—Quieren matar a mi hermanita, ¿y no me pidieron permiso?
—Así es.
Sombra entró arrastrando a uno de los hombres de Serafín, que temblaba de miedo. Lo tiró al piso con asco, se sacudió las manos y dijo: —¿Matar a Fantasma? ¡¿De dónde sacan tanta confianza?!
—Es el chiste más bueno que he escuchado en mi vida, jajaja...

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