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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1198

Él miraba al bebé con total desconcierto.

El bebé también abrió sus ojitos, mirándolo con total desconcierto.

Las miradas se cruzaron y las caras de ambos reflejaban la misma "impotencia".

—¿Qué tanto me miras? —Eliseo abrazó al bebé, acurrucándose aún más en la esquina. Al escuchar el constante repicar de los disparos afuera, frunció el ceño quejándose—: Hacía tanto que no estiraba las piernas y al fin que encuentro una oportunidad...

—Si no fuera por ti, pequeña criaturita, tu tío aquí presente ya estaría...

—¡Waaaaa!—

El bebé se quedó viendo la boca de Eliseo moverse sin parar, le tembló el labio inferior y soltó un berrido a todo pulmón.

Un llanto resonante y estruendoso.

Eliseo sintió que los oídos le iban a reventar.

—¡Oye, oye! ¿Por qué lloras? ¿Acaso tu tío te pegó o te insultó? —Eliseo lo sostenía y por instinto intentó taparle la boca.

Pero de inmediato pensó: "Capaz que lo asfixio".

Asustado, apartó la mano al instante.

—Ya, no llores. —Eliseo bajó la voz y empezó a mecer al bebé con suavidad—. Si no fuera por el ruido de las balas y todo este humo, ¡los dos ya estaríamos fritos aquí!

—¡Waaaa!

Bajo las "amenazas" de Eliseo, el bebé lloró aún más fuerte.

—Por el amor de Dios, ya no llores. —Eliseo lo sostenía como si quemara—. Te lo ruego, ¿quieres que me arrodille?

—¡Waaaah!—

Al escuchar eso, el bebé ni por asomo cerró la boca; lo miró con los ojitos llenos de lágrimas.

A Eliseo le tembló un poco la comisura de la boca y se sintió completamente inútil: —¿Acaso este mocosito entiende lo que digo?

Justo cuando Eliseo dudaba.

El bebé, con mucho esfuerzo, movió su cuellito, se acercó al pecho de Eliseo y su boquita rosada hizo el gesto de "chupar biberón".

—¿¿??

Eliseo se quedó pasmado. Este renacuajo seguro tenía hambre y estaba buscando leche, ¿no?

Ja.

Jaja.

Jajaja.

No solo le había tocado ser niñera, sino también nodriza.

Lo importante era, ¡¿de dónde diablos iba a sacar leche?!

El pequeñín se restregó contra él un rato y, al ver que no había comida, le tembló el labio de nuevo y volvió a llorar a gritos.

—¡Ahí está Fantasma!

El humo empezó a disiparse y alguien divisó la figura de Aldana, gritando: —¡Atrápenla!

De inmediato, una horda de hombres sacaron sus armas apuntando hacia Aldana.

—¡Bang!—

Las balas salieron volando sin piedad, directo hacia su cabeza.

La mirada de Aldana se volvió de hielo. Cuando esquivó por instinto, de repente una gran mano le sujetó la cintura.

La chica giró el rostro, pero antes de poder ver bien a la persona, una fuerza descomunal la jaló hacia un lado.

Las balas pasaron rozando entre ella y Rogelio, impactando en las lámparas del techo.

En una fracción de segundo.

Los cristales llovieron por todas partes, provocando destellos cegadores.

—¿Rogelio Lucero?

Serafín los alcanzó y, en el instante en que vio a Rogelio, su mirada se tornó gélida: —¿No estabas muerto?

—Lamento decepcionar al Líder Guerra.

Rogelio tenía su brazo alrededor de la cintura de Aldana, cubriéndola con su cuerpo: —Estoy más vivo que nunca.

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