Entrar Via

Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 123

Regresaron a la Mansión Poniente.

Él se fue directo al estudio y ella a la habitación.

Después de ducharse y ponerse la pijama, Úrsula salió del baño y chocó de frente con alguien que acababa de abrir la puerta.

Dio dos pasos hacia atrás:

—Lo siento.

Lucio la esquivó y siguió caminando hacia el interior de la habitación mientras se quitaba la camisa:

—Ten cuidado.

—Mhm —murmuró ella, y caminó hacia el tocador para sentarse y secarse el cabello.

Lucio dejó su ropa y entró al baño.

Para cuando él salió, Úrsula estaba sentada al borde de la cama, frotándose crema corporal en las piernas.

Había cambiado a una loción con aroma a jazmín; olía delicioso. El aroma impregnó rápidamente toda la recámara.

Lucio desvió la mirada hacia ella.

Úrsula, sin darse cuenta, también alzó los ojos.

Ambos cruzaron miradas.

Úrsula notó claramente una herida en el hombro del pecho desnudo del hombre. Ayer no la había visto bien, hasta ahora.

Además, el corte en su rostro no parecía haber sido tratado y estaba enrojecido.

Úrsula bajó los ojos.

La mirada de Lucio se deslizó por un instante sobre las radiantes pantorrillas de la chica antes de apartarla rápidamente y caminar por los pies de la cama.

Úrsula terminó de aplicarse la crema, cerró el frasco y lo dejó sobre el tocador.

En ese momento, miró hacia el hombre que estaba no muy lejos de ella:

—¿No deberías curarte esas heridas?

Lucio alzó la vista.

Ella señaló primero su propio hombro y luego su mejilla.

—No es necesario —rechazó él sin pensarlo dos veces. Ese tipo de rasguños eran cosas de todos los días para él; estaba más que acostumbrado.

Sin embargo, hizo una pausa y, por alguna razón que ni él entendió, cambió de opinión:

—Aunque si quieres curarlas tú, está bien. El botiquín está en el cajón de abajo.

El desinfectante picaba ligeramente al entrar en contacto con la carne lastimada.

Lucio alzó la mirada para observar el hermoso rostro que tenía a escasos centímetros del suyo.

Ella tenía los ojos semicerrados, con toda su atención enfocada en la herida, y el ceño fruncido como si fuera a ella a quien le dolía.

Ese tipo de rasguño era algo a lo que tipos rudos como Tomás y sus hombres ni siquiera le prestarían atención.

Lucio desvió la mirada sin alterar su expresión.

Poco después, la chica se apartó, humedeció el hisopo nuevamente y limpió la herida del hombro.

—Deberíamos poner un vendaje aquí —dijo ella, dejando el hisopo y tomando la gasa.

—De acuerdo —respondió Lucio.

Úrsula presionó suavemente la gasa contra la herida.

—Levanta el brazo un momento —pidió ella.

Lucio obedeció y levantó el brazo.

Úrsula pasó la venda alrededor de su hombro, dándole un par de vueltas hasta asegurarla por completo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro