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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 126

Él fulminó con la mirada a Sonia.

Ella se quedó paralizada y las palabras murieron en su garganta. No dijo nada más.

Al final del día, en esa casa mandaba Wilfredo.

Sonia no tenía voz ni voto.

Al ver la tensión, Natalia intervino:

—Ya llegaste, ven a sentarte.

Úrsula primero miró a su hermana mayor y luego observó el rostro endurecido de su padre en el sofá.

Era evidente que nadie allí estaba feliz de verla.

Úrsula no mostró ninguna emoción particular. Su voz fue suave pero contundente:

—No me sentaré. Si tienen algo que decir, díganlo. No perdamos el tiempo fingiendo que somos una familia feliz.

Apenas terminó la frase.

Wilfredo levantó el brazo abruptamente.

Una taza de cerámica salió volando desde el sofá, directo hacia la entrada.

Iba cargada con toda su furia.

¡Pum!

La taza se hizo añicos exactamente en el lugar donde Úrsula había estado parada un segundo antes.

Por suerte, reaccionó a tiempo y dio dos pasos hacia un lado.

Los pedazos de porcelana salieron disparados por toda la entrada.

Sonia no aguantó más; se puso de pie de golpe y le gritó a Wilfredo:

—¡Habíamos acordado hablar las cosas con calma! ¡Ursi también es tu hija, ¿qué, quieres matarla?!

Wilfredo, señalando la puerta y escupiendo saliva por la rabia, rugió:

—¡Escucha lo que acaba de decir esta malagradecida! ¡Entra por esa puerta sin una pizca de arrepentimiento! ¿Que pierde el tiempo? ¡A diferencia de Natalia, que hace cosas útiles en la empresa, ella qué diablos hace que es tan importante para no perder el tiempo! ¡Todo esto es porque tú la has consentido!

El pecho de Sonia subía y bajaba de la furia:

—¡Wilfredo Valdés, explícate bien! ¡Cómo que yo la he consentido!

Estaba temblando de coraje.

Wilfredo se puso de pie, furioso:

Durante la fiesta, habían dicho que Noemí había caído al agua por accidente estando ebria. Pero Wilfredo ya se había enterado de todo a través de la misma Noemí.

Se contuvo hasta ese momento porque tenía negocios importantes que atender, pero apenas tuvo tiempo, decidió poner orden.

Úrsula lanzó una mirada fría hacia Noemí.

La menor estaba sentada en el sofá, observando todo con una sonrisa de suficiencia dibujada en el rostro.

Úrsula bajó los ojos y preguntó con frialdad:

—¿Por qué no me pregunta primero por qué la empujé?

—¡Como si eso importara! —le espetó Wilfredo con desprecio—. ¿Acaso son pocos los problemas que siempre hay entre ustedes? Como padre, me harta tener que lidiar con esto. ¡Me mato trabajando por esta familia y al llegar tengo que aguantar sus pleitos! ¿Sabes cómo se llama lo que hiciste? ¡Eso es un intento de homicidio!

—¡Qué homicidio ni qué nada! ¡Cállate de una vez! —Sonia lo fulminó con la mirada, en total desacuerdo, y caminó hacia Úrsula, bajando el tono de voz—: Ursi, mamá sabe que eres una niña buena. Lo que pasó no fue tu intención.

Mientras hablaba, se paró frente a Úrsula y le tomó las manos:

—Noemí es pequeña todavía. Seguramente volvió a hacer algo que te molestó y actuaste por impulso, ¿verdad? Menos mal que no pasó a mayores. Anda, ve y pídele perdón a tu hermana, dejemos esto en el pasado.

Sonia siempre era la que trataba a Úrsula con mayor cariño en esa casa.

Pero Úrsula conocía a su madre mejor que nadie.

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