En ese momento, don Gonzalo miraba fijamente a Lucio con semblante solemne.
—Tu madre no es esa clase de persona. Seguro lo hizo por ti. ¡O tal vez, todo esto fue idea tuya desde el principio! —lo acusó.
Lucio observó a don Gonzalo por largo rato.
Las piezas del rompecabezas encajaban por fin. Era una emboscada.
Lucio sonrió con ironía: —¿Me lo preguntas a mí? ¿Por qué no empiezas diciéndome qué respuesta quieres escuchar?
Don Gonzalo, enfurecido por la actitud indiferente de su hijo, alzó la voz: —¡¡Caleb era tu hermano!! ¡Incluso si no creciste con la familia Silva, no deberías ser tan desalmado como para no tolerar a tu propia sangre!
Adriana soltó un ligero resoplido: —Mi sobrino es un hombre que hace grandes cosas. Para alcanzar el éxito, uno no se detiene por pequeños detalles, ¿verdad? Y mucho menos por un hermanastro bastardo. Apuesto a que ni siquiera le importa su propio padre.
Sus palabras fueron pura gasolina al fuego.
Don Gonzalo miró a Lucio: —De haberlo sabido, jamás te habría dejado tomar el lugar de Mateo tan pronto. Fue mi error no disciplinarte antes, por eso sigues haciendo lo que te da la gana y cometiendo estas atrocidades.
Su mirada transmitía una profunda decepción y dolor.
Lucio soltó una carcajada, viendo las actuaciones dignas de un Óscar en esa sala... —¿Ya terminaron con su guion?
De repente, el hombre pasó el brazo por los hombros de Úrsula.
Lucio la atrajo hacia sí y miró a don Gonzalo con indiferencia: —Si ya terminaron, nos vamos.
Don Gonzalo quedó estupefacto.
Reaccionó al instante y golpeó la mesa con fuerza: —¡Te acabo de hablar y no muestras ni una pizca de arrepentimiento! ¡¿Acaso tendré que castigarte frente a toda la familia para que confieses?!
Lucio se burló: —¿Confesar algo que no hice? Si quieres montar un drama, búscate a mi tío y a mi tía, parece que ellos disfrutan mucho siguiéndote el juego.
Luego echó un vistazo casual a Eduardo y Adriana antes de volver la vista hacia él, sonriendo con un tono completamente provocador: —¿No es así, papá?
Ese simple "papá" detonó la bomba en el interior de don Gonzalo.
Advirtió con tono sombrío: —¡La muerte de Caleb no quedará impune! ¡Intenta dar un paso y verás!
Su tono estaba cargado de amenazas explícitas.

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