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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 181

Caminó desde el salón ancestral de la antigua casa de los Silva hasta la puerta principal.

Al salir, había muchos autos negros estacionados a los lados de la amplia calle.

Todos eran hombres de Lucio.

Tomás abrió la puerta de uno de los autos y la invitó a subir, con una voz profunda y amable:

—Señorita Valdés, la llevaré de regreso a Nueva Alborada.

Úrsula le agradeció con un asentimiento. Miró por última vez aquella vieja mansión que escondía tantas tormentas y subió al coche.

La puerta se cerró.

Tomás rodeó el auto, se sentó en el asiento del copiloto y le dijo al conductor:

—Al aeropuerto.

El conductor arrancó el vehículo de inmediato al recibir la orden.

La enorme y antigua propiedad desapareció lentamente del campo de visión de Úrsula. Se recostó en el asiento con las pestañas a medio cerrar, pero no sintió el alivio que debería dar el haberse alejado del centro de la tormenta.

Algo no cuadraba.

El hecho de que Tomás hubiera aparecido exactamente en el momento justo sin que nadie lo supiera, y con tantos hombres, no podía ser una simple decisión de último momento para recogerlos.

Por lo que Úrsula había llegado a conocer a Lucio Silva en este tiempo, si él realmente hubiera querido irse por la fuerza, nadie habría podido detenerlo.

Y, sin embargo, parecía haberse quedado allí forzado, casi contra su voluntad.

Úrsula entrelazó sus pálidas y suaves manos, levantando lentamente la mirada hacia Tomás, que iba adelante.

A excepción del momento en la puerta del salón ancestral, ahora el rostro de Tomás no mostraba ni rastro de preocupación. Parecía sin prisa, excesivamente tranquilo.

Úrsula lo observó un momento y, en silencio, bajó un poco la mirada.

El resto del camino transcurrió sin palabras.

El jet privado despegó en San Cipriano y, al poco tiempo, aterrizó en Nueva Alborada.

Aunque las dos ciudades no estaban lejos, el clima era completamente diferente.

Hacía una tarde preciosa, bañada por los cálidos rayos del sol.

El conductor que fue a recoger a Úrsula al aeropuerto la llevó primero a Villa Cielo Abierto por cercanía.

Cuando empujó la puerta y bajó del auto, sintiendo el añorado sol de Nueva Alborada, por fin sintió que se despojaba de la llovizna incesante que la había envuelto durante dos o tres días.

Tomás la dejó allí y se marchó a toda prisa.

Úrsula caminó sola por Villa Cielo Abierto. No vio a nadie hasta que entró al vestíbulo y se encontró con la chica de cabello verde bajando las escaleras.

Lola la observó de arriba abajo y se acercó con los brazos cruzados:

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