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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 201

Por la mañana, Rosa llegó para preparar la comida; hacer el desayuno para una sola persona no era molestia.

Rosa llevaba mucho tiempo sin ir a la Mansión Poniente. Con el caos que había estallado en la familia Silva, Rosa había estado libre todo este tiempo, cobrando su sueldo completo como si estuviera de vacaciones pagadas. Apenas ayer recibió el aviso de que debía venir esta mañana a cocinar, así que se levantó muy temprano para llegar a tiempo.

Cuando Úrsula Valdés bajó las escaleras, se sorprendió un poco al verla.

—¿Rosa?

Rosa salió de la cocina con el desayuno en las manos.

—Ah, justo iba a subir a llamarla.

Llevaba una sonrisa amable en el rostro, pero esta vez con un toque de respeto mucho más profundo que de costumbre.

A estas alturas, todos sabían que Lucio Silva había asumido el puesto de su padre y que en el futuro sería el líder indiscutible de la familia; nadie podía permitirse el lujo de ofenderlo.

En el fondo, Rosa estaba feliz de haber apostado por la persona correcta. Su hijo acababa de graduarse y estaba preocupado por no encontrar un buen trabajo, pero ese hombre llamado Tomás, que siempre estaba con el joven amo, le había conseguido un puesto de pasada.

Rosa dijo sonriendo:

—Acabo de terminar, también le preparé sus panqueques favoritos.

Úrsula originalmente planeaba comer en la cafetería del Centro de Arte, pero no esperaba que Rosa hubiera preparado algo. Se sentó a la mesa.

—¿Fue el mayordomo quien te avisó que vinieras?

Rosa negó con la cabeza.

—Fue el joven Lucio. Dijo que usted volvería a vivir aquí y me pidió que viniera a hacer el desayuno hoy.

Úrsula asintió, comprendiendo la situación, y con un gesto de la mano le indicó que podía retirarse.

Bajó la mirada hacia los panqueques en su plato, tomó los cubiertos y dio un bocado.

Úrsula recordó los días previos al aniversario luctuoso del abuelo.

En aquel entonces todavía era otoño, y ese hombre había desfasado intencionalmente los horarios de comida, haciendo creer a Rosa que estaban peleados.

Ahora que entraban al invierno, aunque parecía que habían pasado varios meses, el tiempo real que habían convivido sumaba, con suerte, menos de una semana.

Úrsula tomó la cuchara y removió su taza de café.

¿Había familiaridad?

No.

Había más cortesía que otra cosa, además de un ligero miedo y resistencia.

Úrsula no negaba que le temía. No era de las que tropezaban dos veces con la misma piedra; después de haber sido utilizada aquella vez, el miedo seguía latente. Hasta el día de hoy, no había podido olvidarlo.

Pero comparada con el poderoso Lucio Silva, ella tenía las manos vacías. No poseía absolutamente nada.

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