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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 224

La noticia de que Mateo Silva había escapado de la clínica de reposo tardó varios días en llegar a oídos de Lucio.

En el pórtico principal de Villa Cielo Abierto, Santino, el jefe de seguridad encargado de vigilar la clínica, estaba temblando de miedo.

Durante los primeros meses había hecho su trabajo al pie de la letra, vigilando cada movimiento de Mateo. Pero a medida que pasaba el tiempo y no ocurría nada fuera de lo común, la rutina los había vuelto perezosos. Además, sentían que este desastre en particular no era del todo culpa suya.

—Fueron personas enviadas desde la mansión Silva —se justificó Santino—. Dijeron que usted había dado la orden para que lo trasladaran a la isla a hacerle compañía a la señora Mercedes. En ese momento, no pensé que fuera una trampa.

Lucio no dijo una sola palabra.

A su lado, Diego, con los ojos muy abiertos por la indignación, le reclamó:

—¡Se escapó antes de subir al avión! ¿Y una noticia de esta magnitud la vienes a reportar hasta ahora?

Santino, desesperado, se apresuró a explicarse:

—¡Yo lo reporté el mismo día que ocurrió! Mi intención era decírselo directamente al jefe Lucio, pero el señor Bruno Zúñiga me dijo que él le pasaría el recado. Como nadie me mandó llamar después, asumí que el tema estaba cerrado.

Como ya no necesitaban personal en la clínica, Santino se había quedado sin funciones. Fue al acercarse por cuenta propia para preguntar dónde lo iban a reubicar cuando Lola se dio cuenta de que las historias no cuadraban.

Diego lo señalaba, sin saber siquiera por dónde empezar a insultarlo, hasta que explotó:

—¡A ver, imbécil! ¿No se supone que debías esperar una confirmación oficial en lugar de creer cualquier tontería y dejarlo ir? ¡Te dieron un equipo completo para un trabajo facilísimo, ganas más que un maldito universitario con maestría, ¿y así es como haces tu trabajo?!

El rostro de Santino se puso rojo como un tomate, tartamudeando mientras intentaba salvar su pellejo:

—¡Se lo juro, no fue a propósito!

¿Quién iba a imaginar que la mismísima señora Mercedes jugaría sucio a las espaldas de todos y ordenaría llevarse a Mateo sin avisarle a Lucio?

Lucio, apoyado perezosamente contra la pared del pórtico con una mano en el bolsillo, habló por fin:

—¿Dices que le informaste a Bruno Zúñiga?

Santino asintió enérgicamente.

—Sí, jefe.

Diego lo miró con los ojos entrecerrados.

—¿Es verdad eso?

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