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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 239

Incluso antes de regresar, Dante había asignado un equipo para ayudar al actual Federico Arriaga, antes conocido como Facundo Castro, a dar con el paradero de su hermana, Clara Castro.

Sin embargo, cada vez que parecían estar a punto de encontrarla, la pista se enfriaba. Aunque la otrora poderosa familia Castro había quedado reducida a cenizas tras un incendio, los crímenes cometidos por Gustavo Castro en vida habían dejado una estela de enemigos. Mucha gente seguía odiando a cualquiera que llevara el apellido Castro.

Con tantos adversarios acechando en las sombras, Dante no se atrevía a buscar a Clara de forma tan obvia.

Tras reflexionar un momento, le dio una orden a su asistente:

—Averigua todo sobre el pasado de Lucio Silva. Quiero saber si cruzó caminos con la familia Castro durante los años que estuvo exiliado.

Fabián asintió.

—Enseguida.

Dante aceleró el paso en dirección al jardín trasero.

Fabián lo siguió de cerca.

—¿Qué hacemos con el joven Fede?

Dante mantuvo la calma.

—Si dijeron que se lo llevaron como invitado, no le pasará nada. En cuanto regrese, dile que me busque en el despacho. Necesito hablar con él.

—Entonces iré a esperarlo allá ahora mismo —contestó Fabián.

Dante le hizo un gesto con la mano para que se retirara.

Fabián dio media vuelta y salió corriendo en la dirección por la que se habían llevado a Federico.

Dante continuó hasta el escandaloso jardín y les ordenó a los empleados que separaran de una buena vez a Julieta y Lucas, poniendo fin a ese patético circo.

Úrsula, por su parte, regresó al salón y se refugió en un rincón apartado.

El calor en el interior del salón la obligó a quitarse la estola de piel, que dejó a un lado. Al ver pasar a un mesero, tomó una copa de vino afrutado de su bandeja.

El tiempo seguía avanzando sin tregua, y Lucio todavía no aparecía.

Úrsula miraba hacia la puerta cada dos por tres, pero al regresar la vista, se topó de frente con alguien.

Sara Montero también había acudido a la fiesta.

Se acercó a los sofás y, con una sonrisa sumamente amigable, le preguntó:

—¿Te molesta si me siento aquí?

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