Los romances de la época de estudiantes siempre parecen tener un toque especial.
Úrsula no podía negar que había sido importante. Sin embargo, al tenerlo frente a frente tantos años después, se dio cuenta de que su corazón no latía distinto por él.
El tiempo había curado las heridas y las confusiones del pasado. La larga separación se encargó de apagar las llamas del conflicto, y ahora que podía enfrentarse a Dante Arriaga con total serenidad, aquel antiguo romance se sentía como algo lejano y ordinario.
Cuando Úrsula tomaba una decisión, nunca miraba hacia atrás.
Sabiendo que el salón estaba lleno de ojos curiosos, guardó el celular en su bolso.
—Bueno, me adelanto.
—Escuché que te casaste.
Hablaron exactamente al mismo tiempo.
El silencio volvió a instalarse entre ambos.
Úrsula dio un par de pasos hacia atrás, manteniendo una distancia prudente.
—Así es, me casé —afirmó ella.
Dante pareció dudar por un segundo. Luego cruzó el umbral, parándose junto a ella.
—Felicidades.
Úrsula le dedicó una leve sonrisa.
—Gracias.
Una suave brisa revoloteó a su alrededor.
Dante alzó la mirada hacia una fuente cercana y, sin previo aviso, dijo:
—Esa vez no te llamé a propósito. Estaba tomando y marqué mal.
Úrsula frunció el ceño, confundida.
—¿Cuál llamada?
Al escuchar eso, Dante giró la cabeza y la escudriñó.
Trató de descifrar si estaba fingiendo demencia, pero no encontró rastro alguno de mentira en sus ojos.
De verdad no tenía ni la menor idea, o simplemente lo había olvidado.
Dante apretó los labios hasta formar una línea recta.
—Nada, fue hace un par de meses.
Úrsula rebuscó en su memoria y, de pronto, recordó una noche lluviosa de hace mucho tiempo, cuando recibió una llamada perdida de un número que no tenía registrado.
Bajó un poco la mirada y le aconsejó con tono amable:
—Para la próxima, ten más cuidado de no equivocarte de botón.
Dante asintió levemente.
—Mi abuelo me comentó apenas ayer que el actual líder de la familia Silva es de cuidado. ¿Cómo te trata? ¿Te va bien?
Úrsula levantó la vista.
—No me quejo.

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