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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 258

Diez minutos después, Lucio empujó la puerta de la oficina con las bebidas en la mano.

Se sentó sin formalidades en el borde del escritorio, apoyando sus largas piernas en el suelo, y dejó ambos vasos junto a Úrsula:

—Toma.

Úrsula, que ya había recuperado la compostura y estaba sentada en su silla de oficina, se lo recriminó en voz baja al verlo:

—No te sientes en la mesa.

Lucio sonrió de lado:

—¿Y por qué no?

Úrsula tomó los tés con leche, perforó uno con la pajilla y dio un sorbo:

—No se ve elegante.

Lo miró por un instante.

Su mirada se cruzó con la de él durante un par de segundos.

Lucio soltó una carcajada. Sin intenciones de llevarle la contraria, se levantó del borde del escritorio y caminó hasta el sofá para sentarse.

Úrsula estudió la expresión de Lucio en silencio y confirmó que no había notado absolutamente nada.

Dejó escapar un suspiro disimulado, tomó el otro vaso de la mesa, se acercó y se lo ofreció:

—Toma.

Con dos dedos, Lucio apartó suavemente su brazo:

—Te dije que los dos son tuyos.

Úrsula apretó los labios:

—Pero yo no puedo tomarme los dos.

Mientras hablaba, sacó la otra pajilla, rompió el sello del vaso y se lo volvió a acercar.

Lucio se le quedó viendo, sin mover un dedo ni aceptar el vaso.

Úrsula pensó que de haber sabido que se pondría en ese plan, no lo habría pedido; pero en aquel momento su única prioridad era sacarlo de la oficina, así que compró dos por puro impulso.

Desperdiciar comida era un pecado.

Úrsula se sentó junto a él y, sosteniendo el vaso, se lo llevó directo a la boca, presionando la pajilla contra el labio inferior de Lucio.

Con sus grandes ojos en forma de almendra, lo miró con dulzura:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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