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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 279

La habitación estaba abarrotada de gente.

Clara no presentaba ninguna herida de gravedad, pero vivir huyendo bajo la constante amenaza de sus enemigos le había provocado un desgaste nervioso tremendo. Su sistema inmunológico estaba por los suelos y recuperarse por completo le tomaría bastante tiempo.

Federico sostenía su frágil y delgada muñeca. Apoyó la cabeza en su hombro, buscando su consuelo, y dijo con la voz entrecortada:

—Hermana, tenía tanto miedo de no volver a verte. ¿Por qué te fuiste y me abandonaste sin decir nada?

Clara acarició la fría máscara de su hermano y dejó escapar un suspiro.

—Tú tienes vínculos con la familia Arriaga, pero yo no. Si me quedaba, corría el riesgo de arrastrarte a mis problemas.

En el fondo, ella también tenía miedo. Sabía que la familia no le haría daño a su hermano, pero no tenían ninguna obligación de protegerla a ella. Temía ser una carga para él. Era lógico pensar que la familia Arriaga se daría cuenta de eso; si alguna vez decidían deshacerse de ella, no habría tenido cómo defenderse.

Por todas esas razones, en el momento en que su hermano fue reconocido formalmente por los Arriaga, Clara decidió desaparecer.

—La familia jamás te habría rechazado —insistió Federico—. Te lo ruego, no vuelvas a irte así. Te busqué por todas partes.

Clara le dio unas palmaditas suaves en el dorso de la mano.

—Está bien. De todas formas, ya no tengo fuerzas para seguir huyendo. No se puede vivir toda una vida en las sombras.

Precisamente por eso, esta vez había decidido salir y buscar a Federico, pero la mala suerte la hizo caer directamente en las manos de Ricardo Beltrán.

Mientras los dos hermanos conversaban, los demás en la sala guardaron silencio, respetando su momento.

Sin que nadie lo notara, Dante salió sigilosamente de la habitación, bajó las escaleras y se ocultó en las sombras del pórtico exterior. Sus ojos no dejaban de observar las ventanas del edificio principal.

No sabía exactamente en qué habitación estaba Úrsula, ni siquiera si ya estaba dormida.

Jamás se imaginó que ella fuera capaz de disparar un arma.

Dante se frotó el puente de la nariz. Al levantar la vista, vio a dos personas caminando directamente hacia él.

Para Lucio, Dante era prácticamente invisible. Ahora que Clara estaba a salvo, la utilidad de Dante en sus planes se había evaporado por completo.

Ni siquiera se dignó a saludarlo; intentó pasar de largo, ignorándolo como si fuera un mueble más.

Pero justo cuando pasaba a su lado, Dante estiró el brazo y le bloqueó el paso.

Lucio alzó lentamente la mirada.

Dante no se movió un solo milímetro.

Se instaló un silencio tenso entre ambos.

Al notar la fricción, Lola frunció el ceño. Estaba a punto de intervenir cuando Lucio le dio la orden:

—Entra tú primero.

Lola le echó un vistazo cauteloso a Dante, dudó un segundo, y finalmente se adelantó hacia la habitación de Clara.

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