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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 306

Úrsula intentó zafarse con un tirón, pero fue inútil.

Estuvieron tomados de la mano durante todo el recorrido hasta que le sudaron las palmas.

Sin embargo, la crisis en la empresa parecía ser verdaderamente delicada. Justo cuando estacionaban en la entrada del hospital, el asistente ya había llamado tres veces más.

Al darse cuenta de la gravedad, Úrsula trató de ser razonable.

—Prometo que entraré a ver al doctor y haré lo que me diga. Lo de tu compañía es mucho más urgente, no puedes quedarte a perder el tiempo aquí.

Obviamente, él desconfiaba de ella a niveles absurdos.

—Te acompañaré a consulta y, cuando termines, me voy —sentenció Lucio.

Pasó el brazo sobre los hombros de Úrsula, atrayendo su esbelta figura contra su pecho de manera protectora.

Apenas dieron dos pasos, el celular de Lucio volvió a sonar.

—Tsk.

Con una clara expresión de fastidio en el rostro, hizo el ademán de apagar el aparato.

Úrsula se detuvo en seco y le sujetó la mano.

Lucio la miró confundido.

Ella, con sus ojos brillantes y expresivos, ladeó ligeramente la cabeza, sosteniendo su mirada con firmeza.

—Vete ya a la empresa. Te juro que en cuanto salga y me den el diagnóstico, te mandaré una foto de inmediato. Y cuando estés más desocupado, puedes mandar el auto por mí. ¿Trato?

Para rematar su promesa, levantó tres dedos frente a él.

—Tienes mi palabra. No voy a huir de los doctores.

Lucio la miró fijamente.

El timbre de su celular seguía sonando con desesperación.

Ella señaló el aparato con la barbilla.

En el fondo, Úrsula jamás comprendería por qué alguien tan calculador y frío como Lucio estaba cometiendo esa estupidez emocional y procrastinando sus deberes de manera tan infantil. ¿Acaso estaba usando todo eso como pretexto para evitar ir al trabajo?

—Anda, vete. Primero están las obligaciones, luego lo demás.

Con suavidad, ella se quitó de encima el pesado brazo que reposaba en sus hombros, dio un par de pasos hacia atrás y le hizo una seña de despedida con la mano.

Justo en el momento en que Úrsula se daba la vuelta para dirigirse hacia la recepción principal, Lucio avanzó dos largas zancadas, la agarró por los brazos, la obligó a girar y la envolvió en un fuerte abrazo.

Se inclinó sin dudarlo y plantó dos apasionados y demandantes besos directamente en sus labios.

Le importó un demonio que estuvieran a plena vista de todos.

A Úrsula se le subió el calor hasta las orejas de pura vergüenza. Lo apartó a empujones, se tapó la boca con el dorso de la mano y lo fulminó con la mirada.

Solo entonces, Lucio subió al auto de mala gana.

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