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Matrimonio por un embarazo accidental romance Capítulo 13

POV Evania

El tiempo avanzó mucho más rápido de lo que imaginé.

Los días se convirtieron en semanas y, sin darme cuenta, había pasado bastante tiempo desde la última vez que escuché hablar de Constanza.

Supe que se había marchado de la ciudad.

Cuando me dieron la noticia, no sentí la alegría que esperaba.

Al contrario.

Me quedé mirando al vacío durante varios segundos, intentando comprender por qué aquella noticia me provocaba una tristeza tan profunda.

Después de todo, ella era mi prima.

Y la dueña del corazón de Lisandro.

Todos decían que debería haberme sentido aliviada.

Pero no fue así.

No quería que todo terminara de aquella manera.

Quizá porque, en el fondo, nunca había deseado arrebatarle nada a nadie. Yo solo había terminado atrapada en una situación que jamás busqué.

Y ahora llevaba dentro de mí las consecuencias de todo aquello.

Dos vidas. Dos pequeños corazones.

Cuando el médico me confirmó que estaba embarazada de mellizos, me quedé completamente perpleja.

—¿Mellizos? —repetí, casi sin voz.

El médico sonrió y asintió.

—Así es. Tendrás dos bebés.

Bajé lentamente la mirada hacia mi vientre, que en aquel momento apenas comenzaba a cambiar.

Apoyé una mano sobre él.

Dos hijos. Todavía me costaba imaginarlo.

Respiré profundamente, intentando contener las lágrimas.

Entonces levanté la mirada.

Lisandro estaba frente a mí.

Y estaba sonriendo.

Era una sonrisa diferente a las que le había visto antes. Había felicidad en sus ojos, una emoción que no podía ocultar.

Pero, mientras lo observaba, una sombra de miedo apareció dentro de mí.

Iba a tener dos hijos con un hombre que no me amaba.

Aunque Lisandro pudiera estar feliz por aquellos bebés, yo sabía que eso no significaba que su corazón me perteneciera.

Y tuve miedo. Muchísimo miedo.

Porque un hijo no podía obligar a un hombre a amar a una mujer.

***

Los meses pasaron.

Mi vientre creció hasta hacerse enorme y, cuando estaba a punto de cumplir ocho meses de embarazo, caminar se había convertido en una tarea agotadora.

Mis bebés parecían moverse constantemente.

A veces me despertaban durante la madrugada con sus pataditas y yo permanecía despierta, acariciándome el vientre mientras imaginaba cómo serían sus rostros.

¿Tendrían los ojos de Lisandro?

¿Mi sonrisa?

¿Serían tranquilos o tendrían un carácter imposible?

Pensar en ellos era lo único que conseguía calmar mis miedos.

Pilar, por su parte, estaba emocionadísima.

Organizó un baby shower y prácticamente convirtió la celebración en un acontecimiento familiar.

Había flores, globos, regalos, comida y decenas de personas.

Todos parecían felices. Todos menos yo.

Sonreía, agradecía los regalos y respondía cuando alguien me felicitaba, pero en realidad me sentía agotada y abrumada.

Necesitaba respirar.

Por eso, en cuanto tuve oportunidad, me alejé un poco de la multitud.

Me llevé una mano al vientre y respiré profundamente.

Entonces la vi.

Mi madre había llegado. Por un instante sentí alivio.

Pensé que quizá había venido para felicitarme.

Quizá, después de todo, quería dejar atrás nuestras diferencias.

Pero cuando nuestros ojos se encontraron, su expresión me hizo comprender que estaba equivocada.

Su mirada era fría. Furiosa.

Se acercó lentamente hacia mí.

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