POV Evania
Al día siguiente
Abrí los ojos muy despacio, sintiendo todavía la calidez del cuerpo de Lisandro pegado al mío.
Estábamos abrazados, envueltos en las sábanas, y por un instante efímero y engañoso experimenté una sensación de paz que rozaba el sueño perfecto.
Pero esa calma duró apenas unos segundos.
Sentí el momento exacto en que Lisandro comenzó a volver en sí.
Su respiración cambió, su cuerpo se tensó por completo y, de pronto, abriendo los ojos y procesando la situación, se levantó de la cama como un resorte.
El movimiento fue tan brusco que la sábana se deslizó, dejándome al descubierto.
Él se llevó una mano a la sien, ahogando una mueca de dolor por la resaca, y con la mirada extraviada y llena de pánico pareció preguntarse a sí mismo qué demonios había hecho.
Aturdido, sin siquiera mirarme a los ojos, caminó a trompicones hacia el baño.
Escuché el sonido del agua del grifo mientras se lavaba la cara y la boca, e inmediatamente después el ruido constante de la ducha corriendo con agua helada.
Yo me quedé allí, congelada.
Me incorporé despacio y me senté sobre el colchón, aun completamente desnuda, sujetando las mantas blancas contra mi pecho para cubrirme.
El aire en la habitación se sentía denso, gélido y cargado de una incomodidad insoportable.
Pocos minutos después, la puerta del baño se abrió.
Lisandro salió impecable, completamente vestido y listo para marchar.
Al verme allí sentada, detuvo sus pasos por un segundo.
—¿A dónde vas? —pregunté con la voz temblorosa, sintiendo un nudo opresivo en la garganta al percibir su prisa por huir.
Lisandro fijó sus ojos en mí.

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