POV Lisandro
—¿Me está pidiendo que deje a su propia hija por Constanza?
Irene sostuvo mi mirada.
Esperaba que bajara la cabeza, que se sintiera culpable por lo que acababa de decirme, pero no ocurrió.
Por el contrario, parecía convencida.
—Hijo, tú amas a Constanza, ¿para qué seguir viviendo así? ¿Para qué hacerlos sufrir a los dos?
Sentí un nudo en el estómago.
—No es tan sencillo.
—Sí lo es, Lisandro. A veces nosotros mismos complicamos lo que debería ser evidente.
Miré hacia el pasillo.
Pensé en Evania. En la mañana. En la manera en que había evitado mirarme. En cómo había reaccionado cuando intenté acercarme, esto nunca fue amor, fue, tal vez… un accidente, un error.
No tuve tiempo de responder.
Un oficial apareció en el pasillo.
—¿Son familiares de la señorita Constanza Hang?
Irene se adelantó.
—Es mi sobrina.
El hombre sacó unos documentos.
—Tengo una notificación judicial para ustedes.
Irene extendió la mano.
—¿Qué ocurrió?
—La señorita Hang debe presentarse ante la corte.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué?
El oficial me entregó el documento.
—Se trata de una demanda relacionada con un accidente de tránsito.
Sentí que mi expresión cambiaba.
—¿Una demanda?
—Sí. La demandante es Evania Monterrosa.
Sentí una oleada de rabia.
—¿Evania hizo esto?
El oficial me miró con seriedad.
—La demanda fue presentada por ella. Los detalles están especificados en el documento.
Bajé la mirada. Allí estaba el nombre de Evania.
No podía creerlo.
—Te lo dije —intervino Nick, lleno de indignación—. Ella quiere acabar con mi pobre Constanza.
Apreté los dientes.
No sabía qué había ocurrido realmente.
No tenía la versión de Evania.
Pero en aquel momento solo podía pensar en que mi esposa había llevado el asunto hasta los tribunales.
El oficial terminó de explicar el procedimiento y se retiró.
Me quedé mirando la puerta por donde había desaparecido.
—Lisandro...
La voz de Irene me sacó de mis pensamientos.
—No permitas que esto continúe.
No respondí.
En ese momento Nick se acercó.
—Lisandro, mi prima suplica verte.
Levanté la mirada.
—¿Está despierta?
—Sí. Está muy afectada.
Respiré profundamente.
—Voy.
Caminé por el pasillo hasta la habitación.
Cada paso parecía pesarme más que el anterior.
Cuando crucé la puerta, la vi.
Constanza estaba recostada sobre la cama.
Tenía los ojos hinchados y las mejillas mojadas por las lágrimas.
Al verme, su expresión cambió.
Me acerqué.

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