POV Lisandro
Alejé mi rostro en cuanto sentí el aliento cálido de Constanza sobre mis labios.
—¡No!
Mi voz salió más fuerte de lo que esperaba.
Constanza se quedó inmóvil frente a mí. Durante unos segundos no dijo nada.
Solo me miró con los ojos llenos de dolor, como si mi rechazo hubiera sido mucho más cruel que cualquier palabra.
—¿Por qué? —preguntó finalmente.
Tragué saliva.
—Porque estoy casado.
Ella frunció el ceño.
—No puedo hacerlo —respondí con firmeza—. No puedo serle infiel a mi esposa.
Constanza soltó una pequeña risa amarga.
—¿No puedes?
La miré.
—No.
—A mí sí me fuiste infiel, Lisandro.
Sentí un peso en el pecho.
—Lo sé.
—Entonces, ¿qué cambió?
No supe qué responder.
¿Qué había cambiado?
Quizá yo. Quizá Evania. Quizá todo aquello que había ocurrido entre nosotros.
Pero, sobre todo, había algo que no podía negar: ya no quería tomar decisiones de las que después tuviera que arrepentirme.
Constanza se acercó un paso.
—¿Ahora sí eres un hombre fiel?
—Estoy intentando hacer las cosas bien, ya te dije que no estaba en mis cinco sentidos esa noche.
—¿Y conmigo no quisiste hacer las cosas bien?
—Constanza...
—¡Dime la verdad!
Su voz se quebró.
—¿Ya no me quieres?
Me quedé en silencio.
Aquella pregunta debería haber sido sencilla.
Si la respuesta fuera sí tendría que haber sentido algo claro al verla.
Si la respuesta fuera no debería haber podido decirlo sin dudar.
Pero no pude. Y mi silencio pareció darle una respuesta que no quería escuchar.
Constanza bajó la mirada.
—Lo sabía.
—No es eso.
—Entonces, ¿qué es?
Respiré profundamente.
—Es que estoy casado. Tengo una familia. Tengo responsabilidades. Y no voy a besar a otra mujer mientras siga siendo esposo de Evania.
—¿Puedes… puedes dejarla por mí? ¿Por nuestro amor?
Aquella pregunta me golpeó directamente.
Pensé en Evania.
En su mirada cuando estaba herida.
En las veces que había intentado acercarse a mí, aunque yo levantara muros.
En nuestros hijos.
En aquella casa que alguna vez había sentido como un hogar.
No contesté.
Constanza me miró durante varios segundos y luego sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Constanza, tengo que irme.
—Lisandro, por favor.
Su voz temblaba.
—No puedo perderte otra vez.
Salí de la habitación.
**
POV Evania
Llegué a casa y lo primero que noté fue que Lisandro no estaba.
Qué sorpresa.
Después de todo lo ocurrido, probablemente estaba en el hospital con Constanza.
Me quedé unos segundos parada en medio de la sala.
Antes, su ausencia me habría dolido.
Ahora solamente me provocaba cansancio.
Caminé hasta el sofá y me senté.
Miré los documentos que traía sobre la mesa.
Todo estaba listo. No faltaba nada.
Los papeles del divorcio estaban ahí, esperando únicamente mi decisión.
Y yo ya había tomado una.
No iba a detenerlo.
Durante mucho tiempo había pensado que algún día Lisandro me elegiría.
Que quizás recordaría todo lo que habíamos vivido juntos.
Que nuestros hijos serían suficientes para que entendiera que podíamos construir algo.
Pero estaba cansada de esperar.

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