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Matrimonio por un embarazo accidental romance Capítulo 38

POV LISANDRO

Un mes después.

Había pasado un mes entero sin ver a Evania.

Treinta días en los que apenas había podido escuchar algo de ella.

Cuando iba a recoger a mis hijos, la niñera salía de la casa y me los entregaba en la puerta.

No importaba cuánto intentara preguntarle a Evania cómo estaba, ella nunca aparecía.

Incluso cuando necesitábamos hablar sobre los niños, todo se hacía a través de aquella mujer.

Era una locura. Una frialdad absoluta.

Y, aunque al principio pensé que Evania terminaría cansándose de ignorarme, con el paso de los días comprendí que aquello no era un capricho.

Ella realmente quería sacarme de su vida.

Había levantado una pared entre nosotros.

Y yo no sabía cómo derribarla.

A veces, cuando regresaba a casa después de dejar a los niños, me quedaba sentado dentro del automóvil durante varios minutos.

Miraba la puerta de aquella casa.

Esperaba verla salir.

Esperaba que, de alguna manera, cambiara de opinión.

Pero nunca sucedía.

***

Constanza tampoco estaba bien.

Las transfusiones habían ayudado a estabilizarla, pero su recuperación estaba siendo mucho más lenta de lo esperado.

Los médicos seguían vigilándola.

Todavía necesitábamos encontrar un donador compatible para que pudiera recibir el tratamiento que necesitaba.

Y mientras todos hablaban de su salud, ella continuaba hablando de nuestra boda.

Todo estaba avanzando.

Al menos en apariencia.

Porque cada vez que Constanza mencionaba la boda, yo sentía una incomodidad que no podía explicar.

—¿Te gusta este salón?

—Sí.

—¿Y las flores?

—Como quieras.

—Lisandro, ni siquiera estás prestando atención.

—Perdón.

No podía concentrarme.

Mi mente estaba en otro lugar.

En una casa donde ya no podía entrar.

En dos niños que eran lo único que todavía me unía a Evania.

En aquella habitación de hospital.

En sus palabras.

Y, sobre todo, en nuestro hijo no nacido.

A veces me preguntaba cómo habría sido.

Pensamientos que nunca debieron existir en mi cabeza.

Había perdido la oportunidad de conocerlo.

Y esa culpa comenzaba a pesar más cada día.

Aquel día debía recibirse finalmente la sentencia de divorcio.

Habían pasado los treinta días establecidos.

A menos que alguno de los dos se negara a continuar con el proceso, todo quedaría terminado.

Me vestí temprano y fui al juzgado.

Durante el trayecto intenté convencerme de que aquello era lo correcto.

Evania y yo ya no éramos felices. Nuestro matrimonio estaba destruido.

Ella me odiaba.

Yo estaba comprometido con Constanza.

Todo indicaba que aquel era el camino que debíamos seguir.

Entonces, ¿por qué sentía que estaba a punto de perder algo irremplazable?

Llegué a tiempo.

Entré al edificio y esperé unos minutos.

Y entonces la vi. Evania.

Mi corazón dio un vuelco.

Había pasado un mes sin verla y, aun así, bastó un segundo para reconocer cada detalle de ella.

Lucía hermosa. Pero diferente.

Ya no estaba tan pálida.

Había recuperado algo de color en el rostro.

Se veía más fuerte.

Más segura.

Su cabello estaba perfectamente arreglado y llevaba un atuendo sencillo, elegante.

Me quedé mirándola unos segundos más de lo que debía.

Ella levantó los ojos.

Nuestros ojos se encontraron.

—Hola…

Fue lo único que pude decir.

Evania apenas me miró.

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