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Matrimonio por un embarazo accidental romance Capítulo 40

POV LISANDRO

Esa tarde volví a casa mucho más temprano de lo habitual.

No tenía una razón concreta para hacerlo.

Simplemente había llegado un momento en el que ya no soportaba permanecer en la oficina.

Había pasado horas mirando documentos sin ser capaz de concentrarme realmente en nada.

Mi mente estaba en otro lugar.

Cuando entré a la casa, lo primero que sentí fue el silencio.

Era extraño.

Antes, aquella casa nunca había estado realmente vacía. Siempre había ruido.

Las voces de los niños, sus carreras por los pasillos, las discusiones pequeñas por cualquier tontería, las risas que se escuchaban desde la cocina.

Y ella, Evania.

Durante años había asociado aquella casa con su presencia.

Ahora solo quedaban las paredes.

Dejé las llaves sobre la mesa y me quedé inmóvil durante unos segundos, contemplando el enorme recibidor.

—Qué irónico… —murmuré.

Había pensado muchas veces en mudarme.

Incluso había visto algunas propiedades.

Una parte de mí quería empezar de cero. Comprar una casa nueva.

Pero nunca me había atrevido.

Porque sabía que mudarme significaba aceptar que aquello había terminado definitivamente.

Y, por más que intentara convencerme de lo contrario, todavía no estaba preparado.

Caminé lentamente hasta la sala.

Mis ojos se detuvieron en una fotografía.

Nuestra fotografía de boda. Me acerqué.

Ahí estábamos los dos.

Tomé el portarretratos entre mis manos y sentí un nudo en la garganta.

Entonces los recuerdos comenzaron a llegar.

La noche de nuestra boda.

Cerré los ojos.

¿Por qué estaba pensando en ella ahora?

¿Por qué precisamente ahora?

Mi vida estaba a punto de cambiar otra vez.

Pronto me casaría con Constanza.

Dejé la fotografía sobre la mesa y saqué mi teléfono.

Busqué el nombre de Evania.

Mi dedo quedó suspendido sobre la pantalla.

Podía llamarla.

Podía preguntarle cómo estaba.

Podía escuchar su voz una vez más.

Pero ¿qué estaba haciendo?

Me aparté del teléfono.

—No, Lisandro. Ya basta.

No podía seguir viviendo atrapado en el pasado.

Evania había seguido adelante.

Yo también tenía que hacerlo.

Pronto me casaría con Constanza y debía aceptar la realidad.

Sin embargo, mientras subía las escaleras, una pregunta continuó persiguiéndome.

¿Y si amaba a Evania?

**

POV EVANIA

Cuando llegué a aquella mansión, sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

No había vuelto desde hacía mucho tiempo.

Había evitado aquel lugar deliberadamente. No quería regresar.

Pero ahora estaba ahí.

Miré por la ventana del automóvil mientras el vehículo avanzaba por el camino de entrada.

La mansión seguía exactamente igual.

El mismo jardín que tantas veces había recorrido cuando era niña.

Sentí un peso en el pecho.

Era como si todos los recuerdos que había intentado enterrar durante años hubieran decidido regresar de golpe.

Quise marcharme. Pero no fui capaz.

Respiré profundamente y bajé del automóvil.

Mis piernas se sentían débiles.

Entré por la puerta principal.

Una de las empleadas levantó la mirada y, en cuanto me reconoció, abrió mucho los ojos.

—Bienvenida, señora…

No pude responder inmediatamente.

Tragué saliva.

—Mi padre… el señor Monterrosa, quiere verme.

La mujer asintió rápidamente.

—Por supuesto, señora. Venga conmigo.

La seguí por el largo pasillo.

Finalmente, la empleada abrió una puerta.

—Su padre está dentro.

Entré.

Y me quedé paralizada.

Mi padre estaba sentado en uno de los sillones.

Cuando levantó la vista y me vio, algo cambió en su expresión.

Sus ojos estaban completamente enrojecidos.

Había lágrimas recorriendo sus mejillas.

Aquella escena me asustó.

Nunca había visto a mi padre así.

Él siempre había sido un hombre fuerte. Autoritario. De esos que jamás permitían que alguien los viera quebrarse.

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