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Matrimonio por un embarazo accidental romance Capítulo 44

POV Evania

—¡Evania! ¡Eres injusta!

La voz de mi madre tembló detrás de mí.

—¡Esto lo hago por la salud de tu prima!

Me quedé mirándola.

Por un instante sentí ganas de preguntarle si alguna vez había hecho algo por mí con esa misma desesperación.

Pero no tenía sentido.

Ya no quería discutir. Ya no quería explicar mis decisiones.

Había pasado demasiado tiempo intentando demostrar que no era la villana de la historia.

Estaba cansada.

—No voy a darle mi herencia a Constanza.

Mi madre abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió.

Nick entró.

Al verlo, sentí que todo mi cuerpo se tensaba.

—¿Ya le dijiste, madre? ¿Acaso se niega? —preguntó.

Me miró con un odio que ya ni siquiera intentaba ocultar.

Mamá asintió.

—Eres una egoísta, Evania.

Solté una pequeña risa. No porque me hiciera gracia.

Era una risa amarga, nacida del cansancio.

—¿Y por qué no le cedes tú tu herencia?

Nick frunció el ceño.

—No cambies el tema.

—No estoy cambiando nada.

Me levanté de la silla.

—Tú también eres hijo de mi padre. ¿Por qué todo tiene que salir de mis manos?

—¡Porque tú tienes la obligación de ayudar! La dañaste.

—¿Yo?

Lo miré incrédula.

—Tú dañaste a Constanza, incluso su enfermedad es por tu culpa, por su tristeza en estos años.

Nick apretó los puños.

—¡Mataste a mi padre y ahora ni siquiera eres capaz de hacer algo por Constanza!

Aquellas palabras fueron la gota que derramó el vaso.

Sentí cómo algo dentro de mí se rompía.

No pensé. Simplemente levanté la mano y le di una bofetada.

El sonido resonó en toda la habitación.

Nick se quedó inmóvil.

Yo también. Pero ya no tenía miedo.

Estaba harta.

Harta de que aquel hombre me señalara.

—No maté a nadie, imbécil.

Mi voz temblaba de rabia.

—Padre murió porque su corazón no resistió otro infarto. Eso fue lo que dijo el médico.

Nick se puso rojo.

—¡No vuelvas a insultarme!

—Entonces deja de acusarme.

Su mano se levantó. Vi el movimiento.

Por un segundo pensé que realmente iba a golpearme.

Pero antes de que pudiera hacerlo, alguien entró y sujetó su muñeca.

—¿Qué está pasando aquí?

Era Lisandro. Su expresión era tan seria que Nick se quedó paralizado.

Lisandro lo soltó lentamente y se colocó frente a mí.

—No vuelvas a levantarle la mano.

Nick respiraba agitado.

Yo sentía que ya no podía soportar un minuto más en aquella habitación.

—¿Sabes qué es lo más irónico? —pregunté.

Lisandro me miró.

—Que todos hablan de mi herencia como si fuera dinero que les pertenece.

Miré a mi madre.

—Aquí tienen al poderoso señor Santillán, ¿no?

Después clavé los ojos en Lisandro.

—¿Acaso no puede pagar el tratamiento médico de su amante?

El silencio cayó de golpe.

Lisandro abrió los ojos.

—¿Qué?

—Ya me escuchaste.

—Evania…

—¿Por qué debo renunciar a mi herencia para pagar el tratamiento de la mujer que amas?

Constanza apareció detrás de él.

Su rostro estaba pálido.

—Evania, no es así…

La miré.

—No quiero escucharlo.

—Yo nunca te pedí—

—Tal vez tú no.

Respiré profundamente.

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