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Matrimonio por un embarazo accidental romance Capítulo 46

POV Evania.

Cuando abrí los ojos, durante unos segundos no supe dónde estaba.

Todo estaba borroso.

El techo blanco. Las luces.

El olor extraño que había en el aire.

Intenté moverme, pero sentí un dolor intenso en un costado y volví a quedarme quieta.

Parpadeé varias veces.

Miré hacia un lado. Después hacia el otro.

Había una máquina junto a mi cama y varios cables conectados a mi cuerpo.

Entonces los recuerdos comenzaron a regresar.

Primero apareció el miedo.

Después el ruido. El disparo.

La sensación de haber caído al suelo.

La sangre. Mi cuerpo se estremeció.

Cerré los ojos por un instante.

Respiré profundamente.

Todo había sido real. Me habían disparado.

Intenté recordar qué había sucedido después, pero mis recuerdos eran confusos.

Entonces moví ligeramente la cabeza.

Y lo vi.

Lisandro estaba dormido en una silla junto a mi cama.

Tenía la cabeza inclinada hacia un lado y los brazos cruzados sobre el pecho.

Parecía agotado.

Su camisa estaba arrugada y llevaba la misma ropa que probablemente había usado el día anterior.

Lo observé en silencio.

Intenté moverme un poco.

El dolor volvió.

—Ah...

Fue apenas un quejido.

Pero Lisandro abrió los ojos inmediatamente.

Se levantó de la silla como si hubiera estado esperando aquel sonido.

—¡Evania!

Se acercó rápidamente y tomó mi mano.

Sus ojos estaban llenos de preocupación.

—¿Cómo te sientes?

Lo miré.

Durante unos segundos nuestras miradas se encontraron.

Había algo diferente en sus ojos.

Algo que no supe interpretar.

—¿Qué me pasó...?

Lisandro tragó saliva.

—Te dispararon.

Sentí un escalofrío.

—¿Cuándo?

—Hace dos días.

Dos días. No podía creer que hubiera pasado tanto tiempo.

—¿Dos días?

Él asintió.

—Sí. Has estado inconsciente.

Bajé la mirada hacia mi cuerpo.

—La bala no alcanzó ningún órgano vital.

Su voz se volvió más seria.

—Tuviste mucha suerte, Evania. La bala entró y salió. Si hubiera alcanzado otro punto, las cosas podrían haber sido mucho peores.

Me quedé en silencio.

Por primera vez comprendí realmente lo cerca que había estado de morir.

Recordé el miedo que había sentido.

El momento exacto en que escuché el disparo.

La sensación de que mis piernas dejaban de responder.

No quería volver a pensar en ello.

—¿Mis hijos?

Fue lo primero que pregunté.

Lisandro apretó ligeramente mi mano.

—Están bien.

Sentí que podía respirar nuevamente.

—¿Dónde están?

—Con mi madre. Los llevó de vacaciones a la casa de los lagos.

Hizo una pequeña pausa.

—Le pedí que lo hiciera. No quería que estuvieran aquí y te vieran así. Tampoco quería que se asustaran al enterarse de lo que había ocurrido.

Asentí lentamente.

—Gracias.

La palabra salió de mis labios casi en un susurro.

Lisandro me observó.

Volví a mirar hacia el techo.

Había algo que necesitaba saber.

—¿Cómo pasó?

Lisandro guardó silencio.

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