POV Evania
—¡Evania! ¿Qué estás diciendo?
Mi madre me miraba como si acabara de cometer el peor pecado de mi vida.
Pero yo ya no tenía miedo.
Tal vez porque había llegado a un punto en el que las palabras ya no podían doler más que la realidad.
—Digo que nunca me has amado.
Mi madre se quedó inmóvil.
Sentí un nudo en la garganta, pero no aparté la mirada.
—Siempre has querido más a Constanza que a mí.
—Eso no es cierto.
—¿No?
Solté una pequeña risa.
—Entonces dime, madre... ¿por qué siempre tengo que ser yo la que se equivoca? ¿Por qué cuando Constanza llora, todos corren a consolarla, pero cuando soy yo quien está sufriendo, lo primero que haces es preguntarme qué hice mal?
—¡Porque eres mi hija!
—¿Entonces por qué nunca me haces sentir como una?
El rostro de mi madre se endureció.
—¡Evania, Dios te va a castigar por ofenderme así!
Cerré los ojos un instante.
Incluso ahora.
Incluso después de todo lo que acababa de decirle.
No había escuchado lo que realmente estaba intentando decir.
Solo estaba preocupada por haber sido cuestionada.
—Soy tu madre, te guste o no.
Abrí los ojos.
Sonreí. Pero aquella sonrisa no tenía alegría.
—Quizá tengas razón.
Mi madre me miró desconcertada.
—¿Qué quieres decir?
—Que eres mi madre.
Hice una pausa.
—Pero ser mi madre no significa que tengas derecho a lastimarme y humillarme
Ella frunció el ceño.
—¿Qué estás insinuando?
—Que ya no necesito una madre como tú.
Sus ojos se abrieron.
—¡Evania!
—No voy a robarle el amor de un hombre a nadie.
Sentí que mis manos temblaban, pero continué.
—Si tanto miedo tienes de que Lisandro vuelva conmigo, entonces dile a Constanza que lo ate a su falda.
Mi madre palideció.
—¡No hables así de tu prima!
La miré directamente.
—Yo no soy quien retiene a Lisandro.
Mi voz se volvió más firme.
—Ya firmamos el divorcio.
Mi madre permaneció en silencio.
—Si él viene a verme, no es porque yo lo obligue. Si quiere quedarse conmigo, es porque él decide hacerlo.
Me llevé una mano al pecho.
—Así que atrévanse a impedirle venir.
Mi madre dio un paso hacia mí.
—¿Me estás amenazando?
—No.
Negué con la cabeza.
—Te estoy diciendo que, si lo hacen, me harán un favor.
La miré fijamente.
—Porque no quiero ya a ese hombre, pero si él no quiere a Constanza, no puedo obligarlo a que lo haga.
El silencio cayó entre las dos.
—Ahora vete.
Mi madre abrió los ojos.
—¿Qué? ¿Me estás corriendo?
—Vete. No quiero verte, ya no eres mi madre, y no te necesito, si no te vas por tu voluntad…
Señalé la puerta.
—Tendré que pedirle al personal del hospital que te saque.
—¡Evania! Te crecieron agallas.
No respondí.
—Prepárate —continuó ella, llena de rabia—. Porque esto no se va a quedar así.
La miré.
Era mi propia madre. La mujer que debía protegerme.
Y, sin embargo, acababa de amenazarme.
—Haz lo que quieras.
Mi voz salió sorprendentemente tranquila.
—Ya no tengo miedo. Ya no me importas.
Mi madre me sostuvo la mirada durante unos segundos.
Finalmente, salió de la habitación.
La puerta se cerró.
Y solo entonces pude respirar.
Me llevé una mano al rostro.
Las lágrimas comenzaron a caer.
Había sido fuerte frente a ella.
Pero eso no significaba que no doliera.
Solo quería irme.
Lejos del hospital. Lejos de aquella familia.
***
POV Lisandro
Cuando Irene salió de la habitación, estuve a punto de entrar.
Quería ver a Evania.
Quería saber cómo estaba después de aquella discusión.
Pero antes de que pudiera abrir la puerta, escuché una voz detrás de mí.
—Lisandro.
Me giré.
Era la madre de Constanza.
—Constanza quiere verte.

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