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Matrimonio por un embarazo accidental romance Capítulo 59

POV Lisandro

Sentí que la sangre se me helaba.

Constanza estaba de pie cerca del borde, demasiado cerca del vacío.

Irene llegó, no la dejaron acercarse más pero estaba lo suficiente cerca, estaba frente a ella, llorando desconsoladamente mientras intentaba convencerla de que retrocediera.

—¡Constanza, por favor! —suplicaba Irene—. ¡Ven conmigo! ¡No hagas esto!

Constanza negó lentamente con la cabeza.

Tenía el rostro empapado en lágrimas y el cabello desordenado por el viento.

—Déjenme morir.

Su voz apenas fue un susurro.

Rota. Vacía.

—Ya no quiero seguir viviendo.

—¡No digas eso! —Irene sollozó—. ¡Por favor, hija!

Di un paso hacia ellas.

—¡Lisandro, no te acerques! —me advirtió ella, con un grito desesperado.

Me detuve inmediatamente.

No quería asustarla.

No podía arriesgarme a que un movimiento brusco hiciera que retrocediera todavía más.

Entonces escuché pasos detrás de mí.

Nick había llegado.

Se colocó junto a Irene, tan pálido como ella.

—Constanza...

Ella levantó la mirada.

Primero observó a Nick. Después a Irene.

Finalmente, sus ojos se encontraron con los míos.

Una sonrisa amarga apareció en sus labios.

—¿Por qué vinieron?

—Porque estamos preocupados por ti —respondí.

Ella soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—No.

Negó lentamente.

—No están preocupados por mí.

Su mirada se clavó en la mía.

—Están aquí porque tienen miedo de que muera. Yo ya no quiero vivir, he perdido todo, hasta la salud, ya no tengo nada porque luchar.

No supe qué responder.

Porque, en parte, tenía razón.

Tenía miedo.

No porque siguiera amándola.

Sino porque no quería verla morir.

No quería cargar durante el resto de mi vida con el recuerdo de haber estado allí cuando tomó aquella decisión.

—Constanza, por favor —dije—. Aléjate del borde.

—Déjenme morir.

Irene comenzó a llorar con más fuerza.

—¡No, hija! ¡No puedes hacer esto!

—Es lo mejor.

—¡No es lo mejor!

Constanza respiró profundamente.

—Estoy muriendo de todos modos.

—¡No! —gritó Irene.

—Sí.

Su voz se quebró.

—¿Qué sentido tiene seguir viviendo así?

Miró hacia el vacío durante unos segundos.

Sentí que el estómago se me cerraba.

Después volvió a mirarme.

—Además... Lisandro ya no me ama, pensé que al menos tenía a él, en el mundo para amarme, quizás hasta mi último día, peor ella… Evania me robó todo, y lo entiendo, ella no es culpable, ella lo amaba, yo… fui la perdedora siempre.

Sentí una punzada en el pecho. De culpa.

Porque era verdad.

Yo había dejado de amar a Constanza.

Había tardado demasiado en aceptarlo, pero finalmente había comprendido algo que llevaba tiempo intentando ignorar.

Mi corazón ya no estaba con ella.

Estaba con Evania.

Aquella misma mañana había despertado junto a ella y, por primera vez, me había permitido reconocer la verdad.

La amo.

Entonces, ¿cómo podía decirle a Constanza que todavía la amaba?

¿Cómo podía prometerle algo que ya no existía?

No podía obligarme a sentir un amor que había desaparecido.

Tal vez se había ido lentamente.

Pero se había ido.

—Evania logró que me olvidara —dijo Constanza.

Cerré los ojos durante un instante.

—Evania no te quitó nada.

Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas.

Constanza me miró fijamente.

—Entonces fue culpa mía.

—No dije eso.

—Pero es lo que quieres decir.

Negué con la cabeza.

—No, Constanza.

Ella se acercó al borde

—Entonces déjame morir o… dime que me amas.

El silencio cayó sobre nosotros.

Irene me miraba desesperada.

Nick permanecía inmóvil.

Y Constanza esperaba una respuesta.

Una sola palabra. Pero yo no podía mentir.

No podía decirle que la amaba.

No cuando acababa de descubrir que mi corazón pertenecía a otra mujer.

—Yo...

Sentí la garganta cerrarse.

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