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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 150

El pasillo del lugar estaba adornado con faroles espaciados a intervalos regulares, y al final había un quiosco octogonal. Junto al quiosco había un estanque lleno de peces koi nadando tranquilamente.

Entró al quiosco y vio a una mujer sentada en una esquina. Llevaba una blusa de punto de manga corta y una falda sencilla que le llegaba a los tobillos, con el cabello recogido elegantemente.

Magdalena se sorprendió.

—¿Es usted?

Era la dueña de la Librería del Bosque, en el Resort Praderas del Sur.

Debido a su estilo clásico y la elegancia serena que transmitía, Magdalena la recordaba muy bien.

Virginia Jiménez se sorprendió por un segundo, la observó y recordó que había sido la primera clienta de su librería. Se levantó con una sonrisa cálida.

—Qué coincidencia. Me llamo Virginia Jiménez, pero puedes llamarme Señora Huerta.

—Yo soy Magdalena Sarmiento. —Le devolvió la sonrisa.

Ambas se sentaron en un banco de madera dentro del quiosco. Magdalena preguntó:

—¿Vino sola, Señora Huerta?

La sonrisa de Virginia no desaparecía; siempre mantenía un gesto suave y amable.

—Vine a ver a un viejo amigo de la familia, pero en este momento está ocupado con otros invitados, así que salí a tomar el aire.

Magdalena se apoyó en la baranda, mirando el agua fresca del estanque.

—El resort ya abrió. ¿Le ha ido bien a la librería?

Virginia sonrió suavemente, con una voz melodiosa.

—No me importa mucho si hay ventas o no. Solo buscaba un lugar tranquilo.

Magdalena comentó en tono de broma:

—Al escucharla, parece que estuviera viviendo como una ermitaña lejos del mundo.

Virginia la miró de reojo, sus ojos oscuros tan tranquilos como el agua.

—¿Acaso tiene algo de malo?

Magdalena se levantó, apoyándose en la baranda, y caminó despacio por el quiosco.

—No, es bonito... pero debe ser muy solitario.

Virginia sonrió sin responder, con la mirada perdida en la distancia y un dejo de melancolía.

Conversaron un poco más hasta que se acercó una anfitriona del lugar.

—Señorita Magdalena, el Presidente Jiménez la espera en la entrada.

Magdalena asintió y se despidió de Virginia.

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