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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 343

Beatriz miró el bolso por un segundo y luego desvió la vista, atenta de nuevo a los ruidos del segundo piso. El celular siguió sonando con insistencia. Se ajustó el chal sobre los hombros y suspiró.

—Contesta. Podría ser algo importante.

Teresa sacó el teléfono del bolso de Magdalena y, al ver el nombre de Renato brillando en la pantalla, su rostro se iluminó.

—¡Señora, es el señor Renato!

Beatriz, presa de la desesperación, alzó un poco la voz.

—¡Pues contesta de una vez!

Por lo general, Beatriz era una mujer muy amable con los empleados, por lo que su repentino tono severo tomó a Teresa por sorpresa. Tartamudeando, se apresuró a obedecer.

—S-sí... ahora mismo...

Pero justo cuando estaba a punto de presionar el botón verde, el timbre se detuvo abruptamente. El silencio volvió a apoderarse de la sala.

El teléfono había sonado durante un buen rato hasta que la llamada se cortó automáticamente. Renato miró la pantalla oscurecida, sintiendo una fuerte opresión en el pecho.

¿No le convenía contestar?

¿O acaso estaba con 'él' y no quería que se diera cuenta?

En el suelo, junto a la ventana de su auto, ya había tres o cuatro colillas de cigarro rodeadas de una fina capa de ceniza. Renato arrojó el resto de su cigarrillo por la ventana, encendió el motor, dio la vuelta y se preparó para ir a Bahía Dorada.

Apenas el vehículo había salido de los terrenos de su mansión cuando el celular volvió a sonar. Miró el nombre en la pantalla con ojos profundos y oscuros.

Dejó que sonara unos veinte segundos antes de deslizar el dedo por la pantalla y llevarse el aparato al oído.

Sabiendo lo difícil que era lograr que Renato contestara, Teresa ni siquiera le dio tiempo de hablar.

—¡Señor Renato, por fin responde! ¡Por favor, venga de inmediato a la residencia Sarmiento! El señor Jonás está furioso con la señorita Magdalena.

Renato ya tenía una idea bastante clara de cómo trataban a su esposa en esa casa. Al escuchar las palabras de la mujer, cortó la llamada, pisó el acelerador a fondo y se dirigió a toda velocidad hacia allá.

—Señor, mi divorcio con Fátima no tiene absolutamente nada que ver con ella. Si usted fuera un hombre razonable, jamás habría levantado la mano contra su nieta. Es decepcionante ver cómo actúa una figura de autoridad como usted.

Lázaro siempre lo había tratado con respeto, incluso llamándolo "abuelo" por cortesía. Pero si dejaba de respetarlo, a sus ojos, ese hombre ya no era nadie.

Primero la insolencia de Magdalena y ahora el atrevimiento de Lázaro. Don Jonás sintió que la sangre le hervía.

—¡Lázaro Guzmán!

Fátima, aterrorizada de que a su abuelo le diera un infarto, se apresuró a intentar calmarlo.

—Abuelo, por favor, no se enoje. Hablemos las cosas con calma.

El pecho del anciano subía y bajaba violentamente. Su rostro severo estaba inyectado en ira, pero al dirigirse a Fátima, su tono se suavizó considerablemente.

—Fátima, cuéntale a tu abuelo todo lo que te han hecho. Yo me encargaré de hacer justicia por ti.

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