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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 353

—Tú... —Don Ignacio se puso pálido de la ira. Delante de toda esa gente, su propio hijo no le había mostrado ni la más mínima señal de respeto.

Renato ignoró por completo la furia de su padre y procedió a presentar a los demás a Magdalena, quien saludó uno por uno.

Aunque el matrimonio aún no había sido aprobado por la familia, tras su saludo, los parientes asintieron con una sonrisa educada, evitando que ella pasara por la misma humillación de hace un momento.

Ese día había bastantes invitados, por lo que solo quedaba un lugar disponible. Renato la abrazó, la acompañó hasta ahí, la hizo sentarse y luego él mismo se sentó en el reposabrazos del sillón a su lado.

La Señora Juana, esposa del tío de Renato, preguntó:

—He escuchado que la señorita Sarmiento es graduada de la Universidad de San Diego, ¿verdad?

Magdalena respondió con una sonrisa cortés:

—Fui a California al terminar mi segundo año universitario.

La tía de Renato, la Señora Salazar, intervino con sarcasmo:

—Se supone que quienes han estudiado en el extranjero tienen muy buena educación, pero sacar el acta de matrimonio a escondidas y sin el consentimiento de sus padres parece demostrar una gran falta de modales, ¿no cree?

La expresión de Magdalena no cambió; se limitó a sonreír sin responder.

Si en ese momento intentaba defenderse, seguramente esos parientes dirían que no sabía respetar a sus mayores.

En pocas palabras, toda esa gente había ido allí ese día con la única intención de hacerla quedar mal.

El brazo derecho de Renato descansaba en el respaldo del sillón, detrás de Magdalena. Vistos de perfil, parecía que él la tenía completamente abrazada, encajando de manera perfecta, proyectando la imagen de una pareja de recién casados sumamente enamorada.

—¿Modales? —Renato esbozó una sonrisa fría, una sonrisa tan gélida como la neblina de una mañana de invierno, que ocultaba sus emociones pero calaba hasta los huesos—. Comparado con los modales que demostró mi tía en el pasado, esto de verdad no es nada.

Al ver cómo Renato defendía a Magdalena de esa manera, sin importar si avergonzaba a sus propios familiares mayores, la envidia en el corazón de Paula Suárez comenzó a crecer más rápido, extendiéndose como una enredadera venenosa.

Renato deslizó la mano que tenía en el respaldo hasta posarla sobre el hombro de Magdalena, su mirada pasó de reojo sobre Paula y preguntó fríamente:

—En una fecha como hoy, ¿por qué hay personas que no son de la familia presentes?

Ese comentario de "personas que no son de la familia" le drenó el color a Paula en un instante, dejándola pálida mientras clavaba las uñas profundamente en sus palmas.

Susana notó la reacción de la joven, le dio unas palmaditas reconfortantes en el dorso de la mano y levantó la vista para aclarar:

—Paula es la hija de Doña Rita, y ella es prácticamente como otra hija para mí, así que ya la he adoptado como mi ahijada.

Renato frunció el ceño ligeramente, pero no añadió nada más.

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