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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 578

Una vez resuelto el asunto, los invitados comenzaron a retirarse.

Renato rodeó la cintura de Magdalena y juntos salieron del salón. Se detuvieron en la acera a esperar mientras el encargado del valet parking iba por su auto.

En cuanto el elegante Maybach negro se detuvo frente a ellos, Renato caminó hacia el lado del copiloto, abrió la puerta y protegió con su mano el marco superior mientras Magdalena se subía al vehículo.

Desde los escalones de la entrada del hotel, Daniela y Stella observaban cómo el vehículo de lujo desaparecía en la noche. Daniela rompió el silencio:

—¿No me aseguraste que ella era solo una aventura pasajera del Presidente Jiménez?

—¿Y yo cómo iba a saber que las cosas terminarían así? —respondió Stella con resentimiento. Si hubiera sabido lo importante que era Magdalena para Renato, jamás se habría atrevido a tocarla.

Al llegar a su casa en Bahía del Sur, Magdalena ni siquiera se molestó en ponerse sus pantuflas; corrió escaleras arriba hacia su habitación para meterse a la regadera. Había pasado tanto tiempo encerrada en ese almacén polvoriento que su ropa y su piel habían quedado impregnadas de un olor a moho insoportable.

Olga la vio subir corriendo como si fuera una ráfaga de viento y luego miró a Renato, quien entraba cargando su saco.

—Señor, ¿qué le pasó a la joven señora?

Renato guardó silencio unos segundos antes de responder:

—Prepara algo de cenar y súbelo a la habitación.

—Enseguida, señor —respondió Olga, encaminándose a la cocina.

De pronto, a Renato pareció ocurrírsele otra idea y habló en un tono calmado:

—Olvídalo, no hace falta que cocines nada.

Dejó el saco de su traje sobre el mueble de la entrada, tomó un abrigo negro largo que colgaba del perchero, se lo puso y se dispuso a salir nuevamente.

Olga lo siguió hasta el umbral y preguntó, confundida:

—Señor, ya es muy tarde. ¿Apenas llega y ya se va otra vez? Si la joven señora me pregunta, ¿qué le digo?

Con voz serena e indiferente, él respondió:

—Volveré pronto.

...

Magdalena estuvo sumergida en el agua caliente durante media hora. Al salir, sintió que había vuelto a la vida. Se secó el cabello y bajó a la sala.

Justo cuando bajaba el último escalón, Renato regresó de la calle sosteniendo una bolsa de comida; su abrigo negro aún traía impregnado el frío de la noche.

Renato caminó hacia el sofá:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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