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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 605

—Que Olga se quede aquí. —Si no estuviera embarazada, Renato Jiménez habría estado dispuesto a negociar, pero no veía por qué ella tenía que preocuparse tanto en su estado.

Magdalena dudó, pues no se sentía tranquila dejando a Lucía sola.

Renato la guio suavemente fuera de la habitación y añadió:

—Tranquila, Javier no se atreverá a hacer ninguna locura.

Ella lo miró de reojo, analizando sus palabras, y sus ojos brillaron con claridad.

—Gracias.

Renato esbozó una leve sonrisa. De camino hacia allá, había llamado a Javier Huerta. Lo que le dijo fue más que suficiente para intimidarlo.

Olga tomó los recipientes vacíos y los siguió. Afuera del hospital, le entregó los termos al chofer y regresó a la habitación para pasar la noche cuidando a la paciente.

En el trayecto de regreso, Magdalena llamó a Mauricio Luján para avisarle que ya la habían encontrado y que no se preocupara. Sin embargo, respetando la petición de Lucía, ocultó los detalles sobre los abusos que había sufrido.

Al llegar a casa, Joaquina les recibió los abrigos. Renato detuvo a Magdalena cuando estaba a punto de subir las escaleras.

—¿Quieres comer algo antes de dormir?

Al recordar que no había cenado mucho en el hospital y temiendo despertar con hambre, ella asintió.

—Sí.

Renato miró a Joaquina, quien entendió la señal de inmediato. Colgó los abrigos en el perchero y se dirigió a la cocina para preparar algo.

Magdalena cambió de dirección, fue al sofá y encendió el televisor. Justo estaban transmitiendo imágenes de Lázaro Guzmán asistiendo a un evento benéfico acompañado por Irene Blanco.

Se quedó mirando un par de minutos antes de cambiar de canal, y luego se levantó para servirse agua.

Renato, exhausto por el largo día de trabajo, subió a su habitación para darse un baño. Cuando bajó, Joaquina acababa de servir la cena.

Ambos se sentaron a la mesa. La reconfortante sopa de fideos cayó perfecta para asentar el estómago. Magdalena apenas llevaba un par de bocados cuando notó que Renato ya casi terminaba su porción. Le preguntó:

—¿Aún no habías cenado?

Él masticó lentamente y tragó antes de responder con un sereno:

—Mhm.

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