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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 617

Magdalena se sirvió un vaso de agua y le dio un trago.

—Mauricio Luján te confió a mí, así que me aseguraré de cuidarte con todo el esmero del mundo.

En el rostro de Lucía apareció una sonrisa apacible e inofensiva.

—Si no supiera que estás casada, y con un hombre tan importante y poderoso, creería que estás enamorada de mi hermano Mauricio, por lo obediente que eres con él.

Para Magdalena, era evidente que Lucía solo estaba bromeando, pero la expresión de Olga se ensombreció de inmediato. La mirada que le lanzó a Magdalena estaba llena de sospecha.

Al notarlo, Magdalena comprendió que intentar explicarse solo empeoraría las cosas y la haría ver culpable. Así que, con tono relajado y burlón, contestó:

—Veo que te estás recuperando rápido si ya tienes ganas de bromear. Te ves mucho mejor que ayer, que apenas tenías un hilo de vida.

Lucía, sin percatarse de la tensión en el rostro de Olga, siguió bromeando:

—Solo lo hago para que no pienses que soy aburrida y salgas corriendo, dejándome sola.

Magdalena sonrió cálidamente.

—Ya conoces el dicho, 'primero el amor y luego la amistad'. Solo estoy haciendo lo que cualquier persona en su sano juicio haría.

Olga respiró hondo en silencio, aliviada al confirmar que solo era una charla ligera. Por un segundo se había llevado un buen susto.

Magdalena tomó su bolso y salió del hospital rumbo al área de estacionamiento temporal. Como hacía demasiado frío, el chofer la había estado esperando dentro del auto, y ante la falta de actividad, se había quedado dormido recargado en el volante.

Magdalena golpeó suavemente la ventanilla. El hombre se sobresaltó, abriendo los ojos desorientado. Un instante después pareció reaccionar, bajó de prisa y rodeó el auto para abrirle la puerta.

Con una sonrisa en el rostro, ella indicó:

—Tomaré un taxi para ir al Grupo Centauro. Cuando Olga termine aquí, llévala a su casa y pasa a recoger a Joaquina.

Al ver que no iba a regañarlo, el chofer suspiró aliviado y respondió de inmediato:

—Sí, señora.

Él mismo le detuvo un taxi y, tras subir, Magdalena le pidió al conductor que la llevara al Grupo Centauro.

El trayecto tomó más de media hora. Cuando llegó al edificio casi daban las seis de la tarde; habían pasado veinte minutos de la hora de salida de los empleados.

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