Al ver que ella seguía abrazando a Bolita, el ceño de Renato se frunció aún más.
—Es un perro de la calle, está sucio. Quién sabe qué enfermedades pueda traer. Estás embarazada, tus defensas están bajas, no lo toques.
Olga intervino rápidamente:
—La señorita Lucía acaba de bañarlo.
—No me importa —Renato se acercó, agarró a Bolita por un mechón de pelo de la cabeza, lo arrancó de los brazos de Magdalena y lo arrojó al suelo.
Bolita rodó, se puso de pie de un salto y empezó a sacudir su pequeña cola, casi como si lo estuviera desafiando.
Renato ni se molestó en prestarle atención a un animal. Fue directo al baño y se lavó las manos tres veces con jabón antes de sentirse satisfecho.
Cuando regresó a la sala, Magdalena estaba sentada en el sofá con Bolita acurrucado a sus pies, comiendo unas galletas que ella le había dado.
Magdalena notó que él tenía las manos rojas de tanto frotárselas y no pudo evitar reírse. Por suerte no se había arrancado la piel.
Renato apartó al perro de un ligero empujón con el pie y dijo con tono severo:
—Estás embarazada, aléjate de él.
El empujón no fue suave, y Bolita, un poco asustado, no se atrevió a acercarse de nuevo.
Magdalena lo miró a los ojos.
—Si no te gustan, ¿por qué me prometiste que podría tener uno después?
Renato bajó la mirada hacia su zapato derecho, preguntándose si debería pedirle a Olga que lo lavara a fondo.
—Podría intentar acostumbrarme poco a poco.
Después de recoger a Bolita, Lucía lo había bañado. Como se había mojado la ropa en el proceso, aprovechó para bañarse ella también.
Bajó las escaleras vistiendo una pijama de algodón bastante conservadora y un suéter ligero.
—Ya regresaron —dijo.
Magdalena le arrojó a Bolita la mitad de la galleta que le quedaba.
—Acabamos de llegar.
Bolita corrió hacia Lucía con la galleta en la boca. Lucía se inclinó para cargarlo y acarició su lomo suavemente, recordando que Olga le había mencionado que a Renato no le gustaban las mascotas.
Se sentía mal. Estaba alojada en una casa ajena y había traído un perro sin pedir permiso; sabía que había actuado mal.

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