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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 1010

Tras colgar el teléfono, Emilia se quedó sentada al borde de la cama, perdida en sus pensamientos. El sabor dulce del agua con miel aún perduraba en su lengua, mezclado con una sensación tan compleja que no sabría cómo describirla.

No iba a ser tan hipócrita como para intentar marcar una línea y distanciarse de Orfeo Núñez.

Ambos eran adultos, y ella sabía perfectamente lo que todo esto significaba. Él no solo le estaba ofreciendo su cuerpo y su dinero; la quería a ella, por completo.

Quería casarse con ella, impulsarla a escenarios mucho más grandes y hacer que brillara frente a los reflectores, a plena luz del día.

¿Y ella?

¿Lo necesitaba?

La respuesta era un rotundo sí.

¿Quién podría rechazar el ser elegida con tanta convicción por un hombre de ese nivel?

Además, no podía negar que él se había convertido en una adicción para ella; después de todo, ella fue la primera en enamorarse.

Emilia dejó la taza vacía y caminó descalza hacia el vestidor.

Las puertas estaban abiertas de par en par. Adentro había toda una sección de ropa de diseñador recién comprada, tanta que las prendas aún conservaban sus etiquetas. Cada pieza era increíblemente costosa, de su talla exacta y en el estilo que a ella más le gustaba.

Sobre un estante, aún reposaba la nota que él le había dejado.

Orfeo le pedía que aceptara todo lo que pudiera darle. Lo que a él menos le faltaba en esta vida era dinero; lo único que le hacía falta era ella.

Emilia soltó la nota, dio un vistazo por el vestidor y finalmente eligió un suéter de punto sencillo con unos pantalones anchos. Se puso unos zapatos planos muy cómodos, se arregló un poco en el baño y bajó al primer piso.

Tal como esperaba, en la entrada de la villa la aguardaba una camioneta negra de lujo. El conductor, un hombre impecable de unos cuarenta años, se inclinó levemente al verla salir.

—Buenos días, señorita Emilia. El señor Orfeo me pidió que la llevara hoy a su estudio.

—Muchas gracias por las molestias —respondió ella, abriendo la puerta y acomodándose en el asiento trasero.

El auto salió suavemente de la zona residencial y se integró al tráfico de la ciudad.

Emilia se recostó contra el asiento. El sol de la mañana se filtraba suavemente a través de los cristales polarizados. Su estado de ánimo era igual al andar del auto: experimentaba una seguridad y estabilidad que jamás había sentido.

Unos cuarenta minutos después, se detuvieron en el estacionamiento subterráneo de un exclusivo edificio de alta costura. El conductor, le abrió la puerta con sumo respeto.

—Señorita Guerrero, el nuevo estudio VIP de Comercial Novierra está ubicado en el piso veintiocho de la Torre B. Cuando termine sus asuntos, no dude en llamarme, estaré por aquí cerca.

—Perfecto, gracias.

Emilia apenas había dado un paso cuando el conductor la llamó apresurado, acercándole una tarjeta bancaria.

—Disculpe, casi lo olvido. El señor Orfeo me pidió que le entregara esta tarjeta. Es para pagar unos trajes exclusivos que encargó en Comercial Novierra, y también para que compre lo que usted desee.

Emilia alzó una ceja, mirando el imponente edificio.

—Conque lujos, ¿eh?...

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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