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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 1011

Mauricio conocía perfectamente la situación familiar y los ingresos de Emilia.

Hacía muy poco que habían terminado, ¿cómo era posible que estuviera en un lugar como ese?

Cualquier prenda de ese edificio costaba casi la mitad de su sueldo mensual, ni hablar del conjunto que ella llevaba puesto. Mauricio acababa de dar un recorrido por las tiendas con Zulema, y su ojo para los precios se había afinado a la fuerza. Con solo ver el corte y la caída de la tela de ese suéter, sabía que costaba al menos cinco cifras.

Nadie sabía mejor que él cuánto ganaba Emilia. Venía de una familia humilde, con unos padres que eran un agujero negro para el dinero. ¿De dónde sacaba para derrochar así? Ella nunca había sido del tipo frívolo.

Un pensamiento sumamente incómodo cruzó por su mente. ¿Acaso ella...?

Mauricio frunció el ceño. Una mezcla de emociones indescriptibles comenzó a hervir en su interior.

Había una sutil molestia, su orgullo masculino se sentía ofendido, y a la vez intentaba convencerse de que lo que sentía era preocupación moral.

Sentía que, si Emilia había caído tan bajo, él tenía parte de la culpa.

¿Acaso el dolor de la ruptura había sido tan devastador que ella decidió echar a perder su vida y meterse en ese tipo de negocios sucios?

—¿Mauricio? ¿A dónde vas? —Zulema lo siguió con la mirada, y al ver hacia dónde iba, la sonrisa se le congeló en el rostro.

Por supuesto que reconoció a Emilia.

En ese instante, los dedos de Zulema se aferraron con fuerza a las asas de sus bolsas de compras, y su corazón dio un vuelco.

Los demás no lo sabían, pero ella tenía muy claro quién era el hombre poderoso que respaldaba a Emilia.

Ese mismo hombre que la había sacado del rincón de un club nocturno, le había dado un trabajo respetable y una enorme suma de dinero con el único propósito de destruir la relación entre Mauricio y Emilia.

Y ahora, la ironía era que Zulema se había enamorado de verdad de Mauricio.

La situación era terriblemente delicada. No se atrevía a faltarle al respeto a Emilia ni por un segundo, pero le aterraba que Mauricio abriera la boca y dijera algo indebido.

—¡Emilia! ¡Emilia, espera!

Mauricio la llamó varias veces.

No alzó mucho la voz, pero en el inmenso atrio resonó con claridad. Emilia se vio obligada a detenerse y se giró para mirarlo.

Mauricio dio dos pasos hacia ella. Su mirada recorrió la elegante ropa que llevaba y se detuvo en su bolso de cuero impecable, evidentemente nuevo. Su ceño se frunció aún más.

—¿C-cómo estás? —preguntó, midiendo sus palabras.

—Muy bien —respondió Emilia con sequedad, mirándolo con total indiferencia.

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