—Espérate.
Dani lo detuvo.
Cuando Renato volteó, confundido, Dani agregó:
—Cuando lo tengan listo… por ahora no lo publiques.
—¿Eh?
—Espera el momento…
Dani pensó en la mirada de Melisa: siempre segura, como si entendiera todo lo que pasaba a su alrededor.
Ella siempre decía que no necesitaba ayuda, que podía con todo.
¿Y esta vez?
Sin alguien realmente experto, era imposible manipular un video así. Y para la mayoría, no había manera de notar el truco: el que lo hizo sabía lo que hacía.
¿Melisa podría resolver esta crisis sola?
A Dani le dio curiosidad saber la respuesta. Claro: si ella se caía, él podía sostenerla.
…
Cuando el chisme de Melisa ya estaba por todas partes, repetido por notas de espectáculos hasta volverse burla de toda la ciudad, los Núñez quisieron apagarlo de inmediato.
El abuelo Núñez estaba tan furioso que quería salir él mismo a “poner en su lugar” a quienes hablaban de más.
No culpó a Melisa ni un poco. Le apretó la mano con cariño, como si toda la culpa fuera suya.
—Perdóname, mija. En los Serrano nunca te valoraron… ¿cómo ibas a ganarle a gente tan mañosa? Yo te voy a hacer justicia.
Mateo, el mayor, estaba sentado a un lado con expresión seria, deslizando el dedo a toda velocidad sobre la tablet.
—Ya contacté a un equipo de relaciones públicas. A más tardar hoy en la noche bajamos la presión.
Orfeo, el segundo, marcó con la cara helada.


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