—Ahorita todo el círculo está viendo esto. No solo me están viendo a mí; también a Claudia —dijo Melisa con una sonrisa—. Desde que regresé, los que saben quién soy creen que no merezco ser una Núñez. Antes pensé que era un asunto familiar y que no importaba lo que dijeran, pero se me olvidó que también está el nombre de mis hermanos y de mi abuelo. Si soy una Núñez, tengo que demostrarles que yo también valgo.
Sus palabras les pegaron a todos.
Nicanor fue el primero en apoyarla, aunque con duda.
—¿Y qué vas a hacer?
—Voy a competir en el Concurso Internacional Steinway de Piano. Hoy en la noche abren registro en nuestro país.
Nicanor no entendía nada.
—¿Eso qué es?
—Es una de las competencias de piano más importantes del mundo. Se hace cada cuatro años. Le dicen “las olimpiadas del piano” —explicó Orfeo, y luego frunció el ceño—. Pero todavía no toca. ¿De dónde sacaste que ya se puede registrar?
Melisa sonrió, misteriosa.
—Lo vi en la página. A las ocho abren.
Orfeo negó con la cabeza.
—No puede ser. Ese concurso siempre ha sido puntual. Y como es especial, todo el proceso es confidencial. A lo mejor viste una nota falsa.
Mateo dijo:
—Entonces que el equipo de relaciones públicas apague el rumor primero.
—No —Melisa miró el reloj—. Esperemos a las ocho.
Como insistía tanto, los hermanos aceptaron. Al final, era su hermana; aunque se metiera en problemas, ellos la iban a cubrir.
Lo que no sabían era que Melisa, con una sola llamada usando la identidad de X, había logrado que adelantaran el calendario.
A las ocho en punto, el sitio oficial publicó fecha, sede, registro y premios. Exactamente como Melisa había dicho.
Orfeo vio el portal de registro y se le contrajeron las pupilas. Sin darse cuenta, apretó el borde de la tablet.
—Sí abrieron el registro… —murmuró, refrescando la página para asegurarse de que no fuera una broma.
Nicanor se asomó, emocionado.
—Mi hermana tenía razón.
—Esto no tiene sentido —Orfeo seguía incrédulo—. Ni aunque el presidente fuera a preguntar, esa gente no suelta ni media palabra del calendario… menos lo adelantan.
Mateo tomó un sorbo lento de vino tinto.
—Hermano, que una chica tenga secretos es normal. Si no quiere decirlo, no la presionemos. Lo importante es ella. Si se le antoja, se hace.
Orfeo se pasó la mano por la frente.
—Ya sé que lo importante es ella. Solo que… no creo que sea “conocer” a los organizadores. Esto es otra cosa.
Nicanor preguntó:
Los ojos de Claudia brillaron.
—¿Y ahora qué hacemos?
Antes de que Camila respondiera, entró una llamada de Jimena. Su tono venía cargado de burla.
—Claudia, ¿ya supiste el nuevo ridículo de Melisa?
Claudia miró a su mamá.
—No. He estado practicando y ni he visto chismes. ¿Qué hizo ahora?
—Ya abrieron registro del Concurso Steinway aquí en el país. Y en la página vi el nombre de Melisa.
Claudia se quedó helada. Volteó al calendario.
—¿Steinway? Pero eso es cada cuatro años… todavía no toca.
—Por eso —dijo Jimena—. Los organizadores adelantaron todo y agarraron a todos en curva. Claudia, ¿tú también te vas a registrar? Ganar ahí siempre ha sido tu sueño.
A Claudia se le encendió la mirada. Ganar en Steinway significaba entrar, de verdad, a la liga grande.
Tal vez no sería una celebridad mundial como Orfeo… pero en el país la respetarían y la buscarían.
Pero…
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