Hizo una pausa a propósito. Barrió con la mirada el auditorio y, cuando notó que todos estaban atentos, continuó:
—Pero también hay que darle a la gente joven la oportunidad de explicar.
Parecía una postura justa, pero en realidad cada palabra clavaba la idea de que Melisa podía estar mintiendo, mientras él quedaba como el mentor “magnánimo”.
Verónica lo entendió al instante. Se le humedecieron los ojos.
—Profesor Paredes, usted es demasiado bueno… pero falsificar datos es un tema de principios. ¡No se puede dejar pasar!
Se volteó hacia Melisa, con la voz quebrada:
—Melisa, si ahorita aceptas tu error, tal vez todos puedan perdonarte…
—¿Ya acabaste? —dijo Melisa de pronto.
No habló fuerte, pero el auditorio se quedó en silencio al instante.
Verónica se encendió.
—¿Y esa actitud? ¿Todavía te sientes con derecho después de falsificar datos?
Melisa, sin prisa, volvió a conectar la USB y abrió un video.
—Ya que a todos les interesa tanto mi proceso…
En la pantalla apareció una grabación nítida de una cámara de seguridad: Melisa con bata de laboratorio, operando un equipo de diseño extraño. Abajo a la derecha se veía la fecha: dos meses atrás.
—¿Eso es…? —Un profesor de cabello blanco se levantó de golpe—. ¿Un microscopio de nivel cuántico?
El auditorio explotó en murmullos. Ese tipo de equipo de punta no pasaba de cinco unidades en todo el país. Ni el laboratorio de Rodrigo tenía uno.
Melisa abrió otro video.
—Este es mi registro de trabajo en el laboratorio del proyecto de la escuela, el que antes era el laboratorio de Tomás. Desde hace dos meses está documentado todo mi proceso.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA