Estos días Melisa traía mil cosas. En la escuela cerró todas sus materias con puro 10 y estaba pensando en tramitar un egreso anticipado para luego meterse a una maestría, aunque todavía no decidía en qué universidad; por ahora lo dejó en pausa.
Le entró una llamada del farmacéutico de Botica de los Santos. Sonaba feliz, pero reventado.
—No sé qué está pasando, pero últimamente viene un montón de gente a consulta con la señora Del Ríos. Tanta, que ya están dando cita para dentro de un mes. Ya no nos damos abasto. Jefa Melisa, venga a echarnos la mano… o convenza a la señora Del Ríos de contratar a más gente.
—Eso es buena señal —dijo Melisa—. Hoy voy para allá a ayudar con la consulta. Y lo de contratar… no es tan fácil, lo platicamos con calma.
Melisa llegó en su moto a Botica de los Santos poco después de las ocho de la mañana, y ya estaba hasta el tope.
Dejó la moto y entró. En el área de consulta habían montado varios tripiés para transmisión en vivo; dos técnicos estaban ajustando todo.
Melisa se acercó.
—¿Y esto?
El farmacéutico le explicó:
—Es un empresario de una agencia de transmisiones. La señora Del Ríos le quitó un dolor de espalda que traía de años. Quiso darle dinero para que ampliara la botica, pero ella no aceptó. Hoy vino con una idea que trae su empresa: consultas por transmisión en vivo. Dice que así se puede atender y ganar dinero.
A Melisa le picó la curiosidad.
—La señora no le sabe a esto. Yo lo intento. Tengo cuenta.
El personal que el empresario dejó ahí le ayudó a entrar a su perfil y le explicó, con mucha formalidad, las reglas básicas.
La plataforma solía impulsar las cuentas nuevas: apenas empezaban a transmitir, el sistema les daba visibilidad automática y las colocaba un rato en la sección de nuevos.
Pero que la gente se quedara o no… ya dependía del streamer.
Melisa conocía un poco el juego: muchos en vivos “famosos” crecían a base de pleitos, show y ostentación para que la gente enviara regalos.
Miró la imagen de la cámara y al final la bajó, enfocando solo sus manos, las herramientas de consulta y el letrero de Botica de los Santos sobre la mesa.
Sus manos, finas y claras, se veían bien en cámara; hasta la chica del staff se quedó mirándolas un buen rato.
—A su cuenta le van a dar trato especial —le dijo—. El tráfico será el doble que a un novato normal. Pruebe a ver si se le acomoda este formato.
Melisa asintió.
—Va.
Tal cual: en cuanto inició, empezó a entrar gente.
[Duraznito entró al en vivo.]
Melisa iba a saludar, como hacen todos.
[Duraznito: ¿Melisa, la que iba hasta abajo en la lista?]
Melisa se sorprendió.
—¿Quién eres?
[Duraznito: ¿Neta? ¿Y tú dando consulta? ¿No te acuerdas que en la prepa compartimos redes? Ni cambiaste foto ni nombre. Aunque no des la cara, sé que eres tú.]


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