El niño todavía no se daba cuenta de lo inapropiado de lo que acababa de decir:
—Señorita, vi que la compu de mi papá tenía esta página abierta… me dio curiosidad y le piqué, y te vi. Mi papá y mi mamá todavía están trabajando afuera, pero… me duele muchísimo aquí abajo.
El niño aún no sabía leer bien, pero palabras “especiales” como doctor, policía o maestro sí las reconocía. Vio las etiquetas de “consulta” y “tratamiento” en el en vivo de Melisa, y por eso entró.
Melisa reaccionó al instante: usó un efecto para pixelarle la cara y luego dijo:
—Los niños también tienen derecho a su privacidad. Vamos a hablar a solas.
El chat se llenó de mensajes de inmediato.
[¡No cortes el en vivo! ¡Neta no vamos a sacar captura!]
[¿Qué tiene ese niño?]
[Se ve rarísimo… ¿por qué a esa edad no está en la escuela? ¿Y sin un adulto? No vaya a ser lo que estoy pensando…]
Melisa no les hizo caso y no expuso la consulta. Mejor apagó la cámara y cambió a una videollamada privada con el niño. En la plataforma apareció el aviso de que la streamer se había ausentado temporalmente, y el chat se quedó spameando que regresara.
Aunque la cámara estaba apagada y no se escuchaba nada, la gente siguió entrando. Al final, la sala reventó: ¡pasó de diez mil espectadores!
Melisa agregó al niño y le mandó una solicitud de videollamada privada. Con voz suave preguntó:
—¿Tus papás se fueron a trabajar… y en la casa hay alguien más?
El niño negó con la cabeza.
—Hoy me sentí mal, mi papá me pidió el día en la escuela… estoy solo.
—¿Cómo te llamas?
—Kai.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA