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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 205

Para reactivar el hospital, Melisa tuvo que ir y venir a varios lados. Nunca había hecho esos trámites: requisitos, permisos, papeles… un enredo. Por suerte, unos señores del complejo militar, al enterarse, movieron contactos para facilitarle el camino.

El apoyo más fuerte fue el que consiguió Gilberto Villanueva al llamar a Dani.

—Mi aprendiz va a abrir un hospital grande. Usted sabe mejor que nadie cómo trabaja, coronel Soto. Ahorita que llegue, écheme la mano: muévase con los de arriba.

Dani estaba en la oficina de Gilberto. Sus dedos largos golpeaban suavemente el escritorio; su mirada parecía estar calculando algo.

—Doctor Villanueva, usted sabe que no me meto en asuntos civiles.

Gilberto se desesperó.

—¡Pero esto es distinto! El Médico Milagroso va a reabrir el Hospital San Rafael. ¡Eso es para ayudar a la gente!

Dani alzó la mirada, con un brillo divertido.

—¿Ella vino a pedírmelo personalmente?

Gilberto se quedó sin respuesta.

—Es terca… seguro no lo va a pedir.

En eso tocaron la puerta con suavidad. Melisa entró cargando una carpeta gruesa. Al ver a Dani, se detuvo un momento.

—No sabía que estabas aquí.

Gilberto se levantó de inmediato.

—¡Qué bueno que llegaste! El coronel Soto justo decía que te iba a ayudar…

—¡Doctor Villanueva! —Dani lo frenó con una mirada, y luego se volvió hacia Melisa—. Escuché que vas a reabrir el Hospital San Rafael.

Melisa asintió y dejó los papeles sobre el escritorio.

—Ya casi está todo, pero lo de la certificación…

Esa noche, Dani redactó una solicitud y la envió al comandante general de la flota naval.

Se suponía que era un documento confidencial, pero como el propio comandante se metió a chismear sobre la vida amorosa de Dani, el asunto se regó por toda la base naval.

Melisa no tenía idea de lo que le esperaba al día siguiente.

A la mañana siguiente, en Santa María el termómetro se fue directo a los 33 grados desde temprano. Melisa todavía no despertaba cuando una empleada tocó su puerta.

—Señorita, el tercer joven mandó traer de París ropa de verano y pidió que se la entregáramos hoy para que usted escoja.

Melisa la dejó pasar. En cuanto abrieron la puerta del cuarto, metieron dos filas de ropa. La empleada dijo, respetuosa:

—El tercer joven dijo que él las escogió: son de temporada, lo más nuevo. Para que se vista y vaya con sus amigos a las fiestas de verano.

Otro empleado se acercó.

—El mayor está de viaje por trabajo. Pasó por una agencia y compró unos carros; ya están en el estacionamiento subterráneo. Aquí están las llaves; se las dejo en el buró.

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