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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 218

—No. Es el de la abuela Durán —aclaró el guardia—. Esta invitación la preparó especialmente para usted.

Si era la abuela Durán, no podía decir que no. Melisa asintió y guardó la invitación.

Dani escuchó todo. Yori, curiosa, preguntó:

—¿Los Durán qué familia son?

—Astilleros —respondió Dani, cortante—. No es la gran cosa.

Pero al llegar a su casa y estacionarse, lo primero que hizo fue preguntarle al guardia si esa noche había llegado alguna invitación de los Durán. El guardia negó, confundido.

—Hoy no llegó ninguna invitación de los Durán.

Yori notó que el ánimo de Dani se le cayó. Su expresión se apagó de golpe.

Cuando Dani entró al despacho, Yori se acercó a escondidas para escuchar. Resultó que le estaba marcando a un amigo, preguntándole si había recibido invitación de los Durán.

Dani preguntó a varios. Cuando confirmó que los Durán habían invitado a muchas familias, menos a él, entendió qué intención traía la abuela Durán con su nieto.

Al final, Dani le pidió a su amigo que le diera su invitación. Le iba a deber un favor.

Yori se quedó helada. Hace rato dijo que los Durán “no eran la gran cosa”, pero ahora estaba dispuesto a quitarle a otro su invitación solo para ir a esa fiesta. ¿Por qué?

En su cabeza se cruzó la cara de Melisa.

¿Otra vez por ella? ¿Qué tenía Melisa?

Yori regresó de puntitas a su cuarto, prendió la compu y se puso a buscar en Google todo lo que hubiera sobre Melisa.

Casi no había información, y la mayoría eran notas con mala fama:

Una: anuncios de la prepa donde Melisa salía con calificaciones de las más bajas.

Yori sintió que su teoría tenía sentido. Seguro el señor Soto, por pasar tanto tiempo en el mar, ni trata con mujeres; por eso Melisa lo tenía “embobado”. Si ella lograba que el señor Soto viera quién era Melisa en realidad, él la iba a despreciar.

***

Melisa se aventó toda la noche escribiendo el reporte de los equipos médicos de Hugo y se lo mandó al correo de Dani. Por eficiencia, no durmió nada. En el día quiso recostarse un rato, pero en su bandeja había decenas de correos sin revisar.

Se hizo un café caliente en la cocina, mordió un pedazo de pan y se sentó en la silla del invernadero, con la tablet, a filtrar los currículums.

Eran más de cien. Se pasó el día entero leyéndolos y dejó menos de la mitad. Cuando llegó al último correo, Melisa alzó una ceja, sorprendida.

¿Dafne?

¿De verdad mandó solicitud? ¿Qué trae en la cabeza? ¿No se enteró de que el Hospital San Rafael ya cambió de manos o qué? ¿O quería venir a trabajar bajo sus órdenes?

***

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