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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 231

Teresa asintió con fuerza.

—¡Sí, claro!

Dani dijo:

—Le aviso al mayordomo para que lo arregle.

Esa noche, Melisa fue primero a ver la “menta de nieve” que cultivaba la mamá de Teresa.

La menta estaba sembrada junto a un arroyo dentro del rancho. El agua era de manantial y el terreno, a simple vista, se veía normal. Con esas condiciones, era imposible que esa hierba medicinal creciera bien.

Cuando Melisa se agachó y estiró la mano, la mamá de Teresa la detuvo:

—No la toque con la mano. Aquí hay muchos mosquitos e insectos. Cada vez que vengo a remover la tierra o a echar abono, me salen ronchas.

—¿Ronchas?

—Sí. A veces hasta se me infectan.

Melisa retiró la mano. Tampoco vio plantas “compañeras” alrededor. Normalmente, una planta así suele crecer junto a alguna especie muy tóxica, pero si el suelo estaba contaminado, eso explicaba que allí no hubiera nada alrededor.

—Ya entendí. Si llego a necesitarla, vuelvo y corto un poco.

Cuando Melisa salió de la casa de Teresa, el cielo ya empezaba a aclarar. Aun así, no se le notaba cansancio. Dani manejó para llevarla y preguntó:

—¿De regreso con los Núñez?

—A tu casa. Por un tiempo me voy a quedar ahí.

Dani apretó los labios.

—Siento que te debo demasiado.

Melisa apoyó la cabeza en la mano, dejando que le pegara el aire fresco de la mañana por la ventana, y contestó con flojera:

—¿Y luego?

La voz grave de Dani, mezclada con el viento, sonó peligrosamente sugerente:

—No tengo cómo pagarte… así que me ofrezco completo, cuando quieras.

Melisa lo miró de reojo y soltó una risita.

—Ah, órale.

En el carro se hizo silencio un momento. Dani cambió de tema:

—¿Qué es esa “menta de nieve”? ¿De verdad vale todo esto?

—Cuando estuve investigando tu problema neurológico, hice un montón de pruebas. Me di cuenta de que faltaba un compuesto que estimula el sistema nervioso… y justo eso lo tiene esa menta. Incluso si la preparas de forma sencilla en comida, hace que quien la coma se sienta despejado, con la mente muy alerta, y que se le agudicen los reflejos. A ti te sirve muchísimo.

Dani apretó el volante de golpe y luego aflojó.

—Entonces era por mí.

—Te lo dije: te voy a curar sí o sí. —Melisa giró la cara hacia él. La luz de la mañana le iluminó el rostro, marcándole las facciones finas; sus pestañas, casi transparentes bajo el sol, y en los ojos, una determinación firme.

Dani desvió la mirada. Si seguía mirándola así, iba a perder la cabeza… y acabaría estrellando el auto.

Lo que Melisa no le dijo fue que, aunque ya había encontrado la “menta de nieve”, para curarlo por completo todavía necesitaba combinarla con el extracto químico de la planta que debía crecer a su lado. Igual que con el medicamento tipo N que antes le controlaba los síntomas: contrarrestar con algo tóxico. Era el mismo principio.

Capítulo 231 1

Capítulo 231 2

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